SALTA – El discurso político en Salta es un loop interminable. Al igual que las caras. Cambian los escenarios, los nombres de las fórmulas, pero el libreto es siempre el mismo. “vamos a trabajar por el crecimiento”, “queremos llegar a cada rincón de la provincia”, “defenderemos la salud”, “la salida es producir más”. Para los salteños, Flavia Royón e Ignacio Jarsún son lo mismo.
Las frases recicladas sin un solo dato concreto ya no despiertan entusiasmo sino fastidio en una sociedad que está cansada de escuchar lo mismo elección tras elección. Royón y Jarsún son las caras que el frente Primero los Salteños busca mandar a la Cámara Alta. Ella es diputada provincial electa, es decir, no asumió y ya quiere irse. Los salteños depositaron su confianza en ella pero les daría la espalda si se queda con la banca de senadora.
En las redes del presidente de Aguas del Norte, cargo del que deberá dar un paso al costado, se mostraron sonrientes. Con un discurso cargado de buenas intenciones y promesas de futuro. Típico de un político que busca captar la atención de sus votantes, especialmente en un año electoral.
En el video publicado por el propio Ignacio Jarsún se lo escucha elogiar a su compañera de fórmula, a la que describió como “una mujer muy preparada”. Y aseguró que el compromiso será recorrer cada rincón de la provincia para dar a conocer sus propuestas.
Detrás de cada gesto de unidad y de frases grandilocuentes aparece la pregunta inevitable: ¿cuándo se cumplirán las promesas que hace años se repiten como un disco rayado? El hartazgo social ya no se mide solo en la desconfianza hacia la política, sino en la apatía que domina a gran parte del electorado.
El resultado está a la vista, los salteños lo padecen todos los días. Salta sigue esperando mejoras reales en salud, en infraestructura, en educación. Mientras tanto, Royón y Jarsún hablan de “potencialidad”, de “liberar el crecimiento”, de “poner a la provincia en la agenda nacional”. Pero sin explicar cómo, con qué recursos o con qué proyecto serio detrás.
El problema no es la falta de palabras porque de esas sobran. Lo que falta es la coherencia entre lo que se promete y lo que se hace. Al final, lo que se repite no son solo las caras, sino el desencanto de los salteños que cada elección escuchan el mismo libreto y vuelven a sentir que nada cambia.