Salta.- (Por Diego Nofal).- Quedan exactamente dos meses para las elecciones Salta 2025. En juego hay tres bancas de senadores y tres de diputados nacionales. El gobernador Gustavo Sáenz protagonizó un giro inesperado en su estrategia política. Hace unas semanas aseguraba con vehemencia que no participaría. Su desinterés por la contienda electoral parecía absoluto e irrevocable. Incluso prometió no bendecir a ningún candidato propio. Sus declaraciones explosivas resonaron en cada rincón de la provincia.
Todos recordamos aquella frase contundente que parecía marcar una línea clara. La política salteña se sumió en un mar de especulaciones y conjeturas. La pregunta era simple, ¿quién lideraría la fuerza oficialista sin su aval?Extrañamente, el panorama comenzó a cambiar rápidamente. Mónica Juárez, una de sus voceras no oficiales, apareció por todos lados. Anunciaba con misterio que tenía “novedades” importantes que comunicar.
Múltiples teorías que se derrumbaron
Apenas unos días después, la respuesta se materializó con claridad. El partido que acompaña al gobernador se presentó como un frente unido. Era la primera y gran contradicción del mandatario provincial. Su entorno inmediato decidió participar activamente en los comicios. Hasta ahí uno podía intentar entender la situación. Quizás era su equipo el que quería competir, no él personalmente.
Esa teoría se derrumbó estruendosamente durante el fin de semana. Gustavo Sáenz no solo pidió el voto para sus candidatos. Se dedicó de lleno a hacer campaña junto a ellos en actos públicos. El cambio de actitud fue tan radical que resultó casi cómico. Ayer se viralizó un video elocuente que lo muestra en acción. Aparece junto a las candidatas Flavia Royón y Oriana Nevora. En las imágenes se lo ve en plena labor proselitista, criticando con dureza al gobierno nacional. Su transformación de espectador a actor principal ya es un hecho consumado.
Gran parte de este vuelco repentino se explica por el “efecto Juan Manuel Urtubey”. El exgobernador, retirado de la primera línea, es ahora candidato a senador. Contra todos los pronósticos, comenzó a escalar velozmente en las encuestas. Su crecimiento imprevisto representa una amenaza directa. Pone en riesgo severamente la representación del oficialismo en el Congreso Nacional. La posibilidad de perder espacio político en Buenos Aires asustó al saenzismo. El miedo es un motivador mucho más poderoso que la convicción.

Las dos caras de Gustavo Sáenz
La publicidad de ayer lo muestra con la candidata senadora y la diputada. Realiza una crítica feroz al gobierno de Javier Milei. Los acusa de falta de compromiso con el arreglo de las rutas nacionales. Las vías que surcan Salta están en un estado deplorable, es cierto. Lo que resulta extraño es el timing elegido para esta queja. Hace menos de una semana, sus diputados en el Congreso votaron en contra. Pablo Outes, Yolanda Vega y Pamela Caletti rechazaron investigar al Presidente. La causa involucraba estafas con la criptomoneda Libra, un tema delicado.
Esta dualidad genera más de una sonrisa entre los observadores políticos. Por un lado, pide lealtad para criticar al gobierno central. Por el otro, ordena a su bancada darle apoyo crucial en el Parlamento. La coherencia parece haberse tomado unas vacaciones en la Quebrada. Es difícil entender el mensaje que pretende enviar a los votantes. ¿Es oposición o es aliado del poder nacional, se preguntan muchos. La estrategia parece diseñada para molestar a todos por igual, un arte.
Al final, la política salteña demuestra ser más entretenida que una peña folclórica. Las volteretas retóricas de Sáenz son dignas de un malabarista. Su inicial negativa a bendecir candidatos quedó en el olvido. Ahora no solo los bendice, sino que también reza con ellos en cada parada. El “efecto Urtubey” logró lo que nadie imaginaba, reactivarlo. La campaña electoral salteña promete seguir deparando sorpresas. Los votantes tendrán la última palabra en este particular duelo. Ojalá el humor no sea lo único que sobreviva a esta contienda.
