SALTA – La candidata a senadora nacional por el oficialismo de Salta, Flavia Royón, no esfuerza ni medio músculo de su rostro para ocultar su malestar cuando ve aparecer a su suplente, la empresaria, actriz y ex libertaria Alba Quintar. El contraste es tan grotesco que hasta los más desprevenidos notan que algo anda mal en la ingeniería electoral del oficialismo.
Algo parecido ocurre con la candidatura de la abogada expro Oriana Nevora. En la columna del periodista Diego Nofal en este medio, dejó plasmado que la exfuncionaria nacional debe aggiornarse a los tiempos modernos. Y de la mano de Nevora, debe aprender a armar videos para alimentar sus redes sociales. Una actividad que no le queda en absoluto.
Royón es una mujer formada, con experiencia en la gestión nacional, preparada para el desafío. Sin embargo, el propio gobierno provincial parece empecinado en bajarle el precio. Hay quienes no se explican que detrás de ella esté una suplente que milita en las antípodas ideológicas, mediática, anti todo y con un prontuario discursivo más propio de un set televisivo que de una banca legislativa.
La tensión no es rumor, es explícita. La columna Dicen por Ahí, de El Intra, la propia Flavia Royón lo dejó en claro: “No la quiero cerca y no hay posibilidad de que estemos juntas en una foto. Ella por un lado, y yo por el otro. Me la sacan de acá”. Palabras textuales que circulan entre operadores políticos y que revelan que la interna ya no se puede maquillar ni con el mejor filtro de campaña.
El sueño dorado de Quintar es llegar al Congreso, y algunos aseguran que su oportunidad podría estar más cerca de lo que imagina: si Royón ganara pero decidiera no asumir, sería la ex libertaria quien ocuparía el sillón. Pero la realidad es aún más cruel.
Las encuestas alejarían a ambas mujeres del tan ansiado escaño en la Cámara Alta. Ni Royón con su currículum ni Quintar con su histrionismo logran seducir a un electorado que huele a improvisación y oportunismo detrás de esta fórmula.
El oficialismo salteño montó una especie de contradicción viviente. Una candidata seria y preparada, acompañada de una suplente que dinamita cualquier intento de coherencia política. Y mientras ellas no pueden compartir ni una foto, la gente no puede entender cómo el propio gobierno es capaz de sabotear a su principal apuesta electoral.