Salta.- (Por Diego Nofal).- Que el PRO Salta es una murga desde hace meses es algo sabido. Pero que su banderillero decida quién baila y quién no, supera toda expectativa. El espectáculo se torna tragicómico y los salteños merecemos un debate serio. El nuevo paso murguero se llama: expulsar a Oriana Nevora, la única candidata competitiva.
El interventor Leonardo Aguilar fue llamado a normalizar el partido. Su gestión, sin embargo, se dedica a acumular anormalidades. Parece competir por el récord de disfuncionalidad en una agrupación que ya estaba complicada. Su labor dista mucho de ser ejemplar.
Su tarea única y específica era normalizar el partido. Eso implicaba convocar elecciones internas con urgencia. El objetivo era tener nuevas autoridades legítimas para competir electoralmente. Nada de eso sucedió en el calendario del interventor. En su lugar, se adueñó del sello partidario como un tesoro personal.
Ahora, además, se arroga funciones de un tribunal de ética fantasma. Dicho tribunal no está constituido formalmente por una razón muy simple, no existe ninguna autoridad partidaria que pueda legalmente constituirlo. Esa jugada arbitraria muestra el nivel del despropósito institucional.
Bajo el mando de Aguilar e Inés Liendo, el PRO vivió su peor elección en Salta. Los números fueron históricamente bajos y el desprestigio creció. Ese estruendoso fracaso electoral tendría que haber sido una señal clara. La conclusión lógica era que no estaban capacitados para dirigir un partido nacional.
Aun siendo una fuerza principal a nivel nacional, decidieron no llevar candidatos en las elecciones de medio término. Esta abdicación política dejó a sus votantes en completo abandono. Fue una jugada que pocos entendieron y que nadie celebró. La única que mostró coraje y competitividad fue Oriana Névora. Ella peleó contra los caudillos del Norte e hizo una gran elección. Como el PRO no presentó lista, se sumó al oficialismo para competir. Aguilar decidió expulsarla de inmediato por esta decisión.

La paradoja: Liendo y Cornejo trabajan para el Gobierno Nacional
Su argumento fue la supuesta deslealtad partidaria, un criterio curioso y selectivo.Es muy extraño, porque tanto Ines Liendo como Virginia Cornejo trabajan para la gestión nacional. Esa gestión es de un signo político totalmente distinto al del PRO. Ellas jamás recibieron ninguna sanción por esta evidente contradicción. De hecho, fueron las armadoras de las listas que perdieron estrepitosamente.
El problema de Aguilar no es que alguien se presente con otro partido. Su problema real es una dirigente competitiva y con autonomía. Parece que le gusta que el PRO sea un sello de goma sin valor. Tal vez así logre colarse en alguna alianza a cambio de un carguito. Los salteños merecemos más que esta murga.
