SALTA.- (Por Diego Nofal).- Haciendo un breve análisis ocular de las redes sociales del actual presidente del Concejo Deliberante, Darío Madile, se puede detectar rápidamente un antes y después capilar entre mayo y agosto. Al parecer aprovechó el receso invernal de julio para una intervención estética. Si miramos sus fotos previas a las vacaciones de julio, notaremos que la frente del concejal tiene dos “entradas” más que pronunciadas.
El plan de Darío, habría sido aprovechar el invierno y el receso, para realizarse una intervención estética con un implante capilar en ese sector mencionado. Lamentablemente el escándalo del concejal Pablo López hizo que el cuerpo legislativo tuviera que volver a trabajar antes de lo previsto, y en varias fotos y videos de entrevistas por este tema, se le vio claramente una especie de “aureola” roja circundante sobre su frente, con pequeños puntos negros.
Algo parecido a cuando te hacen “fosforito” en la cabeza y te queda irritado. No fue José García ni ningún otro concejal que hubiera hecho tal broma, sino más bien las consecuencias de una operación en proceso de cicatrización. ¿Cuánto le habrá costado? Nos preguntamos. La cuestión aquí no pasa tanto por el precio, ni por juzgar su decisión personal.
Un funcionario que tiene como prioridad su imagen
Lo que queda demostrado es que estamos ante un funcionario que tiene como prioridad su imagen para las fotos de la campaña y deja de lado todo lo referido a sus funciones legislativas.
Debemos partir diciendo que es el presidente del concejo de la capital más ilegítimo de la historia. En 2023 salió último, consiguiendo apenas 15.000 votos, lo que representa un 5% de la gente que fue a votar en aquel entonces. La presidencia debería haber quedado en manos de Juntos por el Cambio, pero alguien más poderoso decidió que Madile debía continuar a cargo del concejo.
No existen proyectos destacados ni de su autoría, ni del cuerpo que dirige. En sus redes solo sube fotos y videos con el intendente Durand o el gobernador Sáenz, es un “reposteador” serial de contenido oficial. Si de milagro aparece algo en las instalaciones de la Av del Líbano, son entregas de diplomas y reconocimientos a gente random.
Madile lleva más de 15 años en la función pública. Arrancó en turismo en el año 2009 con Miguel Isa, entre otros cargos estuvo en la Panadería Social en la gestión de Sáenz como intendente. Esta última cargada de polémicas con auditorías y sobre facturación de precios que jamás se investigaron. Y en los últimos años como concejal y presidente del mismo sin mayores logros pero sí con un gran aumento presupuestario.
Actualmente la partida de personal del concejo es de las más onerosas dentro del presupuesto municipal. Hablamos de una suma superior a los $8.700 millones para 2025. Si sumamos el mismo ítem en tránsito y tribunal de faltas, el costo es de $3.200 millones. Es decir que el Concejo se lleva más del doble de dinero, solo por hacer tareas administrativas sin beneficio para los vecinos, mientras que en las otras áreas se emplean agentes de control, abogados, gestiones de licencia entre otros servicios.

La llamativa transformación en el patrimonio de Darío Madile
¿Por qué cuesta tan caro? ¿Qué hacen con esa plata? ¿Cuántos nombramientos tienen? Cuánto cobran los concejales y sus asesores? Toda esta información está guardada y oculta al público. Lo que sí es evidente es que ya no hay debates interesantes de cara al pueblo. Las propuestas desaparecen y el recinto se ha vuelto una escribanía del ejecutivo municipal, donde nada se cuestiona y todos miran para un costado.
Madile en poco más de una década ha pasado de ser un abogado corriente a vivir en el barrio privado de Valle Escondido y ahora también pasa de pelado a tener cabellera. Lujos que solo puede darse la gente con mucho dinero y que además, en este caso, carecen de total interés por sus funciones y las necesidades que la sociedad salteña demanda.
