SALTA.- (Por Diego Nofal).- Parece que la Secretaría de Asuntos Indígenas de Salta ha añadido un nuevo módulo a su currículum. El curso avanzado de evasión de multas ya está en práctica sobre el asfalto. Una de sus flamantes Amarok grises fue pillada en fotos con un accesorio poco convencional. Un elegante adhesivo blanco decoraba parte de su patente. La imagen es un tutorial móvil de cómo circular en el anonimato. Una masterclass impartida por el propio estado para los ciudadanos que buscan evitar las multas de Emiliano Durand.
Esta lección práctica sobre ruedas es de una audacia admirable. ¿Para qué pagar el patentamiento si puedes taparlo con cinta? Los delincuentes comunes son meros aficionados comparados con esto. Los funcionarios han refinado la técnica hasta convertirla en arte. Emiliano Durand debe sentirse profundamente admirado por tanta creatividad. Su ejército de cámaras e inspectores se encuentra ahora con el enemigo. El rival es un rollo de cinta aisladora comprada en cualquier ferretería.
La fina ironía política de este acto es simplemente brillante. El Princeso, luce un rostro impecable gracias al botox. Pero ni los labios más tersos podrían sonreír ante esta jugada maestra. Mientras él se inyectaba juventud, el gobierno se inyectaba astucia. Es la venganza perfecta por su repentina amnesia electoralista. Cada multa evadida es un mensaje en clave para el intendente. Un recordatorio de que en la política, como en el tránsito, se puede tapar lo inconveniente.

El intendente Emiliano Durand, como el «evaluador externo»
Este método oficial es tan eficaz que debería ser materia obligatoria. La primera clase sería «Cinta adhesiva, tu aliada contra la recaudación». La lección dos trataría sobre la audacia para estacionar en doble fila. El examen final consistiría en pasar frente a una cámara sin ser identificado. El intendente Emiliano Durand sería, sin querer, el evaluador externo. Su sistema de fotomultas se convertiría en el campo de pruebas.
Quizás esta sea la gran política de transparencia que todos esperábamos. Transparencia en la patente, precisamente, cero. Es un movimiento para liberar al pueblo del yugo de las infracciones. Un acto de desobediencia civil promovido desde las altas esferas. El Princeso, con su renovado rostro, no puede disimular su asombro. Debería sentirse halagado de que el gobierno use tácticas tan elaboradas. Es el reconocimiento tácito a la eficacia de su máquina recaudadora.
Los contribuyentes, los espectadores de esta comedia
Al final, los contribuyentes somos los espectadores de esta comedia. Pagamos las multas que algunos evitan y las camionetas que otros tapan. La próxima vez que vean una patente cubierta, no alarmen a la policía. Probablemente sea un taller de educación vial del gobierno en acción. Un curso intensivo de cómo burlar al sistema que nosotros mismos financiamos. El humor es la única manera de digerir estas lecciones de ética vehicular.
