SALTA.- (Por Diego Nofal).- Las elecciones Salta 2025 se presentan como un enigma de difícil resolución. Nadie puede predecir con certeza el resultado final de esta contienda electoral. Lo más seguro es que sigan la lógica nacional, una pulseada entre el peronismo y los candidatos de Javier Milei.
Sin embargo, en nuestra provincia existe una certeza que nadie puede refutar. El mapa político local ha cambiado su fisonomía de manera drástica y rejuvenecida. La generación sub 40 se ha adueñado definitivamente de la escena política salteña, marcando un punto de inflexión histórico.
Todo este fenómeno comenzó con una movida estratégica que sorprendió a muchos. Bernardo Biella, un nombre conocido, cedió protagonismo a la candidata en segundo término Oriana Névora. Ella tiene apenas 27 años y proviene del PRO Salta, demostrando una jugada audaz pero muy efectiva. Oriana Névora proyecta una imagen fresca y tiene un manejo excepcional de las redes sociales. Este detalle, que antes parecía secundario, hoy es absolutamente necesario para cualquier campaña que aspire a ganar.
Un poco tarde, pero con paso firme. Decidieron darle mucha más visibilidad a la candidatura de Ignacio Jarsún, quien tiene 39 años. Su misión central es impulsar la candidatura a senadora de Flavia Royón. Sobre la edad de Royón se ha generado un misterio digno de una novela policial. Consultamos diversas fuentes sin obtener una respuesta concreta, pero sabemos que ingresó a la UNSA en 1995. Haciendo cálculos algebraicos simples, hoy debe superar holgadamente la barrera de los 49 primaveras.
¿Qué ocurre con el Peronismo?
Por el lado de Fuerza Patria también encontramos a un sub 40 ya bastante conocido en la arena pública. Se trata de Emiliano Estrada, quien junto a Juan Manuel Urtubey encabeza la lista del Partido Justicialista. Acumula una gran experiencia en el orbe de la administración pública provincial. Pero su juventud es un dato innegable, con 39 años se encolumna perfectamente en esta nueva camada. Su presencia confirma que el espacio no quiso quedarse afuera de la tendencia.
El impacto de LLA para las Elecciones Salta 2025
En el espacio de La Libertad Avanza en Salta las presentaciones son casi innecesarias. Quien encabeza la lista de senadores y la campaña es María Emilia Orozco, una figura de 36 años. De ser electa, algo que las encuestas dan por hecho, asumirá su banca con esa misma edad. Cumplirá años recién el 18 de diciembre, justo después de la jura de los nuevos parlamentarios nacionales. Su caso ejemplifica cómo la política ya no espera a que las canas den el visto bueno.
Esta irrupción masiva de jóvenes no es un simple capricho del destino o una casualidad estadística. Responde a un cambio generacional inevitable y a una nueva forma de hacer política. Las redes sociales, la comunicación inmediata y la búsqueda de nuevas narrativas son su territorio natural. Los votantes, especialmente los más jóvenes, parecen identificarse con representantes que hablan su mismo idioma digital. La experiencia se valora, pero ahora compite con la agilidad y la conexión en las plataformas virtuales.
Es un panorama alentador ver tantas caras nuevas disputando el futuro de la provincia. Claro que, entre tanta juventud, me empecé a sentir un fósil viviente. Más allá del humor, esta renovación obliga a los partidos tradicionales a modernizar sus estructuras y discursos. Quienes no se suban a esta ola juvenil se arriesgan a quedar varados en el pasado, conversando solos con sus fantasmas políticos. La energía de la sub 40 le está inyectando una dosis de realidad a la política salteña.
El PRO Salta de los pibes
Es importante resaltar un movimiento interno que refuerza esta tendencia, aunque no participen directamente en estas elecciones. El PRO Salta también será conducido por jóvenes en la próxima etapa partidaria. Agustina Álvarez, con 37 años a cuestas, logró imponer a un interventor perteneciente a la juventud del partido. Seguramente será ella quien decida los destinos institucionales de ese espacio en la provincia. O al menos tendrá una representación importante en la mesa de decisiones, confirmando que la sangre nueva llegó para quedarse.