SALTA – (Por Diego Nofal) El cierre de campaña de Primero los Salteños fue un evento que desafió los relojes. El acto estaba pactado para iniciar a las siete de la tarde. Sin embargo, los candidatos honraron la tradición salteña de la hora salteña. Recién a las siete y media llegaron Emiliano Durand y Gustavo Sáenz. La comitiva completa de candidatos arribó con el sol ya oculto. A las siete cuarenta y cinco de la tarde el acto ya había concluido. Fueron apenas unos minutos de un agite político muy particular. Un fervor popular que, para ser sinceros, no fue tal en absoluto. Y eso fue todo para una campaña que empezó demasiado rápido. También termina de manera demasiado apurada y sin gloria.
Cuando comenzó esta carrera electoral, el oficialismo provincial se sentía confiado. Primero los Salteños tenía el antecedente de las elecciones de mayo. En aquel comicio a nivel provincial había conseguido un resonante triunfo. Detrás de ellos se ubicaba La Libertad Avanza. Pero claro, en aquel momento faltaba un actor fundamental. El Partido Justicialista no estaba debidamente organizado. Tampoco presentaba figuras que pudieran meterse en una competencia real. Esa victoria pasada tal vez generó una peligrosa sensación de seguridad.
Tal vez por ese antecedente fue que el oficialismo demoró su campaña. Inclusive esperaron hasta el último momento posible. Ni siquiera se sabía con certeza si participaría en las elecciones de octubre. Hasta que decidió, desde mi punto de vista de manera errada, usar los mismos candidatos. Eran los mismos nombres que en mayo habían sido derrotados en la capital salteña. Parece una estrategia peculiar buscar votos en toda la provincia con un equipo que perdió en su casa. Algo así como presentar el mismo plato frío que nadie quiso la vez anterior.
A juzgar por las caras largas de anoche, Gustavo Sáenz ya sabe que fue un error. La elección de esos candidatos no fue una jugada maestra. También sabe que una elección que comenzó prácticamente ganada tal vez termine en derrota. Algo así sería una catástrofe mayúscula para el gobierno provincial. Este resultado podría inclusive hundirlo en una crisis de vacío de poder. No es un final feliz para una gestión que prometía tanto al inicio.
El acto de anoche duró apenas quince minutos cronometrados. No fue un acto con vocación triunfalista ni mucho menos. Menos aún el acto de alguien que sabe que va a tener una buena elección. Más bien todo lo contrario, transmitió una palpable sensación de urgencia. La mayoría de las personas en el cierre de campaña eran empleados públicos. Muchos fueron obligados de una manera a veces disimulada y otras no tanto. Un detalle que no pasó desapercibido para ningún observador político medianamente avispado.
“Hay olor a derrota”, dijo una fuente cercana al gobierno provincial. Mientras veía al gobernador y al intendente alejarse raudamente del lugar. Se esperaba que el evento fuera una fiesta política vibrante. Terminó pareciendo más un cumpleaños infantil bastante pobre y sin alegría. Solo hubo dos oradores en todo el acto, el Gobernador y Emiliano Durand. Es importante recalcar que al menos pusieron la cara. Se harán cargo una vez más de ser los padres de la derrota anunciada. Algo es algo en el mundo de la política salteña.
Si estas elecciones terminan como se prevé, el oficialismo saldrá segundo o tercero. Claramente los responsables serán el gobernador y el intendente. Ellos decidieron cargar sobre sus hombros toda la campaña del oficialismo. Ahora parece que se hundirán con el barco si efectivamente termina naufragando. Una lección sobre la soberbia y los errores de cálculo en política. El domingo sabremos si el pronóstico más pesimista se cumple al pie de la letra.
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