SALTA – El juicio a los hermanos Carlos y Adrián Saavedra por el crimen de Jimena Salas entra en su recta final. Ahora, toda la expectativa estará fijada en los alegatos, oportunidad en que la fiscalía y la defensa deberán jugar sus últimas cartas. ¿Culpables o inocentes?
A casi un mes y medio de audiencias, en la que desfilaron más de 100 testigos, entre ellos vecinos de la localidad de Vaqueros, familiares, peritos, detectives y genetistas, entre una gran gama de expertos criminólogos, el tribunal busca cerrar hoy la etapa de testimoniales y presentación de pruebas, para descansar unos días antes de otro plato fuerte: los alegatos.
El enfrentamiento de las partes finalmente fue programado para el miércoles 5 de noviembre, con lo cual las partes tendrá un receso de una semana para elegir la estrategia ganadora, previo repaso minucioso de lo que dijeron los testigos, sopesar argumentos favorables y en contra, evaluar la jurisprudencia y, por qué no, jugar con algo de picardía.
Para hoy, el tribunal de juicio, integrado por los jueces José Luis Riera, Mónica Faber y Maximiliano Troyano, tienen previsto escuchar a los últimos testigos, en este caso de la defensa, mientras que el martes dejarán la sala de audiencia para visitar el depósito judicial y echarles una mirada a los vehículos de los dos acusados, los hermanos Carlos y Adrián Saavedra.
La medida fue pedida por el abogado defensor, Marcelo Arancibia, quien busca con ello que los jueces noten que dichos autos no tienen ningún parecido con las fotos de un automóvil de similares características que la fiscalía presentó en el debate.
Como se sabe, Carlos y Adrián Saavedra están imputados por homicidio calificado por alevosía, ensañamiento, criminis causa, la intervención de dos o más personas, premeditado y femicidio de Jimena Salas, hecho ocurrido el 27 de enero de 2017, en su casa del barrio San Nicolás, en Vaqueros.
Fuerte expectativa
La acusación, en resumidas cuentas, se traduce en una prisión perpetua y no tiene termino medio, aunque la fiscalía, en el peor de los casos, alegue que los dos imputados tuvieron una intervención menor, de orden secundaria, lo que, de todos modos, sería una derrota.
Para la Unidad Fiscal, encarnada por los fiscales penales Mónica Poma, Leandro Flores y Gabriel González, la batalla es crucial, pues de perder el juicio, sería la segunda vez que dejarían en ridículo al jefe de los fiscales, como sucedió con el antecesor, en el juicio desarrollado en el 2021 por este caso, que terminó con dos acusados declarados inocentes.
Por otro lado, en un análisis más profundo, de orden institucional, el mensaje de una segunda derrota sería pésimo para la sociedad salteña que, desde hace unos años, ya dejó de creerle tanto a la justicia, costo que ahora los jueces ya no asumen, sino más bien se lo endilgan a los fiscales, dado el cambio de modelo judicial, imperante desde 2011, cuando entró en escena el sistema acusatorio.
Frente a este panorama, la fiscalía deberá salir a buscar la culpabilidad de los hermanos Saavedra, lo que hubiese sido más fácil con Javier Saavedra sentado en el mismo banquillo, oportunidad que vieron vedada por el mismo acusado, quien apareció muerto en su celda un día del inicio del juicio.
Su muerte no fue menor, pues la fiscalía tenía toda su estructura probatoria en contra del menor de los hermanos, facilidad que construyeron luego de que un estudio de cotejo genético con resto de ADN hallados en la escena del crimen, diera resultado positivo.
Sin esta prueba, la fiscalía tuvo que salir a mostrar lo que quedaba en el resto de la estantería que, a decir verdad, no es mucho ni tampoco tiene el peso del cotejo genético, estudio que, para el caso de Carlos y Adrián Saavedra, resultó negativo.
Por ende, toda la presión esta ahora en la espalda de los tres fiscales, quienes deberá enfrentar los alegatos con gran convicción, en busca de convencer a los tres jueces, quienes, con el antecedente de Vera en el caso del asesinato de las turistas francesas, tampoco se mostraron muy dispuestos a inmolarse.
Estrategia defensiva
La defensa, por su parte, se muestra un poco más holgada en la materia, aunque en las últimas audiencias, no estuvo acertada. No obstante, tienen en su haber varias cartas para jugar, incluso podrían sorprender y pedir que los acusados vuelvan a declarar.
Con ello, buscarían revertir algunas pruebas o indicios que la fiscalía podría tomar como base de su acusación final, o bien, apostar a alguna otra estrategia, entre ellas, la de reconocer incluso que su hermano menor pudo haber tenido algo que ver con el crimen, pero dado su relación de parentesco decidieron no decir nada.
De ser así, su defensor podría alegar su inocencia por lo que se conoce en la jerga legal como “circunstancias extraordinarias de atenuación”, un estado que está contemplado por el Código Penal y reserva para quienes atraviesen dicha situación, una disminución de la pena, incluso hasta la absolución.
Esta figura penal se aplica en caso de que una esposa, o familiar directo, esté en conocimiento de una conducta delictiva de un pariente de ese grado, pero, dada esa familiaridad, no lo delata. Esta es una puerta latente, de la cual la defensa podría echar mano, aunque ello significaría reconocer al menor de los hermanos prácticamente como culpable del crimen. Caso contrario, el defensor cuenta con la ventaja de escuchar primero a los fiscales, para devolver el guante en busca de un fallo favorable.