SALTA – Es sabido que la población salteña tiene una fuerte ideología conservadora y de derecha en su mayoría. Prueba de ello son los recientes resultados electorales, donde LLA arrasó en la capital. Emiliano Durand sabe aprovechar ese sentir popular y lo capitaliza políticamente.
La cuestión aquí es que los funcionarios públicos deben gobernar pensando también en las minorías. Es de admirar la astucia de Durand, que por un lado se hace el sensible con los feriantes y la gente pobre, mientras que al mismo tiempo publicita una intervención violenta de la policía contra personas que están en la miseria misma, en la calle, excluidos de todo derecho. Esto es festejado por los propios vecinos en redes sociales. Vecinos que sí cuentan con un techo, servicios, educación, salud y obviamente un teléfono celular para dejar su opinión, celebrando “la mejora” en materia de seguridad.
Toda una puesta en escena ficticia, ya que en cuestión de horas, esas personas vuelven a instalarse de donde los sacaron, básicamente porque no tienen nada, a nadie ni ningún otro lugar a donde ir.
A todo esto nadie, se pregunta porque esas personas terminaron en la calle, despojadas de toda oportunidad. Nadie piensa en cómo hacer para revertir o al menos morigerar la indignante condición en la que se encuentran. Tienen cero empatía, cero conciencia humana, cero sensibilidad social.
Lo peor del caso es que se trata de un organismo del estado, como es la Municipalidad de Salta. Es más fácil señalar y decir en videos que es gente violenta y adicta a las drogas, que seguramente muchos deben serlo, que ocuparse de trabajar la cuestión a fondo. Tanta coordinación mancomunada con la provincia que le gusta vender al intendente, ¿por qué no trabaja sobre un plan serio, para cambiarle la vida a todas las personas que duermen en la calle? Sólo disponen de un refugio en épocas de frío y se terminó la historia. Ya pueden vender esa empatía hacia afuera. Después vemos en todos los parques, plazas y puentes a gente abandonada, inmersa en la inmundicia, durmiendo entre cartones y perros de la calle.
Hay mucho material del intendente diciendo que él premia el esfuerzo. Incluso hace apenas unas semanas, publicó otro video con un niño, Benjamín, que había sido detenido por la policía de manera equivocada por defender a otro menor de un asalto. Como puede alguien creerse con el derecho de “premiar” o condenar acciones de otros? Es realmente insólito. Emiliano se cree su propio cuento, donde él es “el más buena gente” y con su rayo de buena intención, puede iluminar a los demás. Lo curioso es que siempre lo hace con gente humilde de pocos recursos, nunca con un sector de altos ingresos o de poder real. Para esos casos siempre utiliza su conducta más sumisa disponible. Se lo imaginan al intendente diciéndole a un gran empresario o funcionario de alto cargo algo así como: «¿Usted merece ser premiado?».
La vara de la meritocracia funciona de la siguiente manera: si sos pobre y tenes alguna changuita para sobrevivir, sos un héroe que merece una oportunidad, y como el intendente es “tan buena gente” te premia con un cursito y tal vez un gazebo en alguna de sus ferias para que le sumes votos para las próximas elecciones. Ahora si comes basura del vertedero San Javier, sufrís adicciones, o dormís debajo del canal o bien tirado en alguna plaza, sos un delincuente que merece ser reprendido por la policía y alejado de todo para que nadie te vea.