SALTA – El Tribunal de Juicio de Salta absolvió a Adrián Guillermo Saavedra y Carlos Damián Saavedra de los cargos de homicidio calificado por alevosía, ensañamiento, y femicidio en perjuicio de Jimena Beatriz Salas, aplicando el principio de la duda. En su resolución, el tribunal destacó la insuficiencia de pruebas que sustentaran la culpabilidad de los imputados, considerando que los elementos presentados no alcanzaban el estándar necesario para una condena firme. También se revocó la prisión domiciliaria que habían estado cumpliendo, ordenando su inmediata liberación, lo que apunta a la falta de certeza en su implicación en los delitos que se les atribuían.
Adicionalmente, el fallo establece que, Javier Nicolás Saavedra, pese a su fallecimiento, fue el autor material del hecho y mantiene la necesidad de continuar con la investigación por parte del Ministerio Público Fiscal, dada la evidencia de la participación de personas no identificadas en el crimen.
El fallo también expone la presencia de un ADN masculino no identificado y la posibilidad de más personas involucradas. Asimismo, se rechazó la demanda civil por daños y perjuicios interpuesta, lo que indica que la parte actora no logró demostrar la responsabilidad de los acusados en los términos requeridos por el Código Procesal Penal.
El pedido de la fiscalía previo a la sentencia
En el marco del juicio por el femicidio de Jimena Beatriz Salas, ocurrido el 27 de enero de 2017 en la localidad de Vaqueros, la Unidad Fiscal solicitó una pena de 12 años de prisión para los hermanos Adrián Guillermo y Carlos Damián Saavedra. El caso, que ha conmovido a Salta por tantos años, se caracterizó por la brutalidad de los hechos, evidenciada en las 53 lesiones que presentaba la víctima, lo que llevó a los fiscales a descartar cualquier posibilidad de accidente y a calificarlo como un caso de violencia extrema contra la mujer. Durante las audiencias, se presentaron pruebas, incluyendo testimonios de testigos y análisis de cámaras de seguridad, que vinculaban a los acusados con el homicidio.
Previo a la sentencia, la fiscalía afirmó que los hermanos Saavedra actuaron como partícipes secundarios en un homicidio calificado, en el cual el coautor Javier Nicolás Saavedra, también estaba implicado. En sus alegatos, los fiscales destacaron la intimidación sufrida por varios testigos durante la investigación y la falta de pruebas que desmintieran la participación de los acusados en el crimen. La Unidad Fiscal reiteró su solicitud de condena y el registro de los hermanos en el Banco de Datos Genéticos, subrayando la necesidad de un pronunciamiento claro sobre el rol histórico del fallecido Javier Nicolás Saavedra en el caso.
Últimas palabras de los Saavedra
Entre lágrimas, Adrián Guillermo Saavedra expuso su defensa ante los jueces, enfatizando su papel como operario y no como capataz en el año 2017en la empresa Aguas del Norte, periodo durante el cual, según sus declaraciones, no tenía autoridad para dar órdenes ni realizar movimientos de vehículos.
Saavedra argumentó que su rutina diaria consistía en seguir las indicaciones de sus superiores, destacando que la entrada y salida de los vehículos estaba bien documentada en el libro de guardia, y que su regreso al trabajo tras las actividades diarias no requería un registro formal. «Eso creo que justifica más mi inexistencia, como lo dije de entrada, en todo esto lo que se nos acusa, porque no hay forma que haya hecho todos los trayectos que quieren hacer creer que hicimos con mi vehículo», dijo. Además, subrayó que nunca se le vio ingresar y que su kilometraje y movimiento están debidamente justificados en los registros oficiales.
Asimismo, abordó su situación personal, aclarando. «Yo en 2017 todavía estuve casado, estaba en Barrio Ampliación Los Caibos, Zona Sur, y ahí se usaba el auto. Se lo usaba para ir a trabajar, pero no era mucho de ir a Parque Belgrano”, declaró sobre el barrio de la zona norte donde vivía su madre. Con un tono de agradecimiento hacia el tribunal, concluyó su intervención confiando en la justicia y reiterando su inocencia respecto a las acusaciones.
Damián Saavedra se dirigió a los jueces con un ferviente tono en el que defendió su inocencia y la de su hermano, manifestando su frustración ante lo que considera un proceso lleno de mentiras y acusaciones infundadas. «Desde el primer día, ya hace más de tres años que venimos esperando poder defendernos de tantas mentiras, tanto supuesto esto, supuesto lo otro».
En su intervención, enfatizó que, a pesar de su comportamiento rebelde y problemático, nunca fueron delincuentes ni robaron nada. Resaltó que sus necesidades fueron siempre atendidas por sus padres y que no tenían motivos para delinquir.
Al abordar el tema del ADN supuestamente relacionado con su hermano, cuestionó la validez de las pruebas y denunció el trato inhumano que sufrió su hermano durante la detención: «Y lo que sostiene todo ese supuesto es el ADN, supuesto ADN de mi hermano Javier, que lo trataron de cobarde cuando él no está para defenderse, señores jueces, y creo que algo más cobarde que eso no existe, tan cobarde como los oficiales que lo vinieron torturando horas y horas».
Y agregó: “Yo lo vi entrar doblado del dolor, la cara toda moreteada. ¿Qué estuvo haciendo tanto tiempo fuera de donde tenía que estar detenido con nosotros? Él pidió cámaras, yo recuerdo que pidió cámaras porque él llegó, sintió alivio cuando llegaba acá al Poder Judicial que lo iban a dejar de torturar, y no fue así, apareció este Pedro Añazgo y lo siguió torturando. Le pintaban las manos y le tiraban agua, y hay cámaras ahí que se puede ver todo eso que le estuvieron diciendo que hicieron de fila y gente torturándolo».
Además, solicitó que se realice una contraprueba del ADN, argumentando que la negativa a hacerlo sugiere una falta de transparencia en el proceso judicial. Su ruego se centró en la necesidad de justicia, no sólo por la memoria de Jimena Salas, sino también por la de su propio hermano, a quien considera injustamente tratado.
“Lo único que les pido, que nos hagan volver a creer en la justicia, porque tuvimos tres años de impotencia y dolor”, clamó. Con una voz cargada, concluyó pidiendo a los jueces que restauren su fe en la justicia.