SALTA – (Por Diego Nofal) El Senado provincial se convirtió en un teatro de la deshonra esta semana. Sus integrantes avalaron con su silencio activo una situación bochornosa. Daniel Moreno juró como senador de Salta con una acusación gravísima pendiente. La Cámara Alta salteña demostró tener una vara moral extraordinariamente baja. Parece que ciertos delitos son meros trámites burocráticos para la clase política.
Rechazaron y aplaudieron, con 21 votos en contra y solo uno a favor, una investigación parlamentaria. El pedido era para formar una comisión que investigue a Daniel Moreno. El senador está acusado de abuso sexual contra una trabajadora municipal de Vaqueros. El proyecto lo presentó el libertario Roque Cornejo con valentía solitaria. La voz cantante del rechazo la tuvo el senador oficialista por Güemes, Enrique Cornejo.
Sobre Moreno recae una denuncia por abuso sexual desde hace tiempo. Su causa penal se diluye en los cajones de los tribunales locales. No tiene fecha de juicio y parece condenada al olvido institucional. La justicia salteña muestra una eficiencia enlentecida para ciertos personajes. Mientras, la víctima espera un respaldo que el sistema le niega.
Este caso no es una excepción lamentable sino una regla preocupante. Hace una semana juró como concejal Pablo López, acusado de extorsión sexual. También se lo señala por retener el salario de su ex pareja de manera ilegal. El ex intendente Ernesto “Kila” Gonza, acusado de fraude contra el Estado, ahora es concejal en San Lorenzo. Salta parece especializarse en reciclar funcionarios con prontuario.
En ambos casos hubo dos complicidades manifiestas y escandalosas. La primera es la de la justicia, que demoró las causas convenientemente. Esas demoras les permitieron a ambos asumir sus cargos sin condena firme. La segunda complicidad es la de sus partidos políticos, que miraron para otro lado. Decidieron no presentar pedidos de expulsión por inhabilidad moral alguna.
La desidia es tan grande que duele, o debería doler. Salta prorrogó la emergencia en violencia de género la semana pasada. Los discursos sobre protección a las mujeres suenan a pura ficción política. Mientras, los mismos poderes avalan a acusados de violar esa protección. La coherencia brilla por su ausencia en los pasillos del poder.
Hoy la política y la justicia aparecen empecinadas en un objetivo claro. Parecen decididas a llenar la provincia de personajes con antecedentes graves. Los órganos legislativos se convierten en refugio para una casta impune. Los votantes merecen representantes que no generen rubor y sonrojo colectivo. Salta necesita urgentemente un baño de ética y dignidad institucional. De lo contrario, la vergüenza nacional será nuestro sello distintivo permanente.
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