SALTA.- (Por Diego Nofal) Imaginen por un momento el escenario. “Acá están, estos son, los saenzistas del león”, dicen que cantaban Pablo Outes y Yolanda Vega, muy cerca de Carlos Zapata, Gabriela Flores, Eliana Bruno y Moreno Ovalle. Todos miraban de reojo a Bernardo Biella, el único que mantuvo la dignidad y votó distinto a su bloque. Eso será algo que jamás le perdonarán. No lo de votar distinto, en política las traiciones se perdonan, lo imperdonable es tener dignidad propia.
Para que entren en contexto esta escena ficticia, ayer hubo sesión en el Congreso de la Nación. Los diputados nacionales por Salta, varios debutantes, tuvieron su primera votación picante. Era nada menos que el presupuesto 2026, la ley de leyes. Incluía al menos dos puntos más que escabrosos, los cuales requerían mucho estómago para apoyarlos con convicción.
Uno era dejar sin efecto la ley de financiamiento universitario. Esa norma fue vetada e insistida luego con el voto de una mayoría agravada. El otro punto requería un temple fuera de lo común para refrendarlo. Buscaba voltear la ley de emergencia en materia de discapacidad. Era una norma que aseguraba derechos básicos a las personas más vulnerables de nuestra sociedad.
Los libertarios, todos lo sabemos, no están en el Congreso para pensar con profundidad. Solo van a levantar la mano y a seguir órdenes al pie de la letra. Podríamos haber votado un bot que apriete “afirmativo” automáticamente. Nos hubiéramos ahorrado bastante dinero en empleados y asesores parlamentarios. Así que los cuatro libertarios al unísono votaron por el desfinanciamiento clave.
Pero esperábamos algo distinto de los diputados salteños. Esperábamos que Pablo Outes, Yolanda Vega y Bernardo Biella apoyaran a estudiantes y discapacitados. Es para eso que nació, con un rimbombante nombre, el bloque Primero los Salteños. Nada de eso ocurrió en la crucial votación nacional. Primero no están los salteños, muy por encima están los acuerdos políticos circunstanciales. Outes y Vega votaron junto con los libertarios sin ningún reparo. Bernardo Biella pensó en su supervivencia política recién iniciada. “Yo acabo de llegar, a mí en este quilombo no me metan”, debió reflexionar. Le dio al botón rojo de negativo y se diferenció de sus colegas.
La pregunta es por qué los diputados del saenzcismo votaron de esa manera. Dejaron en evidencia que toda su campaña de octubre fue una gran mentira. Esa que decía a viva voz que no eran kirchneristas ni libertarios radicales. Apenas terminó la elección mostraron un apoyo irrestricto a las propuestas de Milei. Pero no nos vayamos por las ramas retóricas en este análisis. Lo concreto es que Salta recibió 6.000 millones en Aportes del Tesoro Nacional. De todos los aliados, Salta fue la provincia que menos recibió en esta repartija. Tal vez por eso el dinero solo sirvió para comprar dos votos, los justos y necesarios. Es un cálculo político tan frío que da escalofríos, y no por el frío salteño que hace rato que no nos visita.
El mensaje final es triste, casi desolador para los salteños. Sus representantes prefirieron el acuerdo con el poder central antes que la defensa local. Las universidades y el sistema de discapacidad pagaron el precio de esta transacción. La dignidad, esa rareza en la política, solo se la permitió el menos pensado: Bernardo Biella. El tiempo dirá si los salteños recuerdan esta votación cuando vuelvan a las urnas. Outes y Vega ya mostraron sus cartas en este gran desafío legislativo. La provincia merece una reflexión profunda sobre quién la defiende realmente.
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