SALTA.- (Por Diego Nofal) El gobernador Gustavo Sáenz acaba de ser parte de una ruptura del federalismo como pocas veces se ha visto en la historia nacional. Una reforma laboral digitada desde el centralismo porteño será la que defina los destinos laborales de los trabajadores salteños que están a miles de kilómetros de esas cómodas oficinas.
Acá en Salta se trabaja en las yungas con 45 grados de calor y 60 por ciento de humedad, o en la Puna a 4500 metros sobre el nivel del mar con temperaturas que cómodamente pueden ser inferiores a los 10 grados bajo cero. ¿Se imaginan trabajar 12 horas en esas condiciones?
Esa es la reforma laboral que Gustavo Sáenz decidió apoyar, ojo para que no digan que es lo peor que hizo, por lo menos impulsó que se elimine un artículo que establecía pagar solo entre el 50 y el 75 por ciento del salario durante las licencias médicas. Demoré este artículo porque tenía la esperanza de que algún diputado que responde a Gustavo Sáenz tuviera un gramo de dignidad y una pizca de federalismo y no de quórum.
Que logre entender que en el centralismo porteño no pueden decidirse los derechos laborales de un trabajador minero a 4500 metros es mucho pedir para quienes legislan con los pies en el barro pero la cabeza en Buenos Aires.
Hoy los diputados salteños votarán sin tener en cuenta a ninguna de esas personas que sudan la gota gorda o se congelan las pestañas mientras ellos deliberan en oficinas con aire acondicionado. Saben perfectamente que esta reforma laboral no generará empleo porque es real que baja algunos costos laborales, pero el costo de tener un empleado en negro es cero y los controles también son cero. Así que pregunto, por qué alguien blanquearía a un empleado aunque la reforma laboral sea prácticamente esclavista, si total la informalidad sigue siendo el mejor negocio para el empresario de turno.
No solo no va a generar empleo, sino que además los parlamentarios salteños ya lo han reconocido sin sonrojarse demasiado. Flavia Royón lo dijo abiertamente, apoyó una reforma laboral antisalteña aún sabiendo que no generaría empleo solo por el hecho de cumplir con los pactos políticos que la mantienen en una silla.

La pregunta bien simple: qué hará Royón en el Senado
Esa honestidad brutal duele más que el frío de la Puna, porque confirma que los intereses partidarios pesan mucho más que el futuro de los trabajadores que los votaron para que los defiendan.
Para lavar las culpas, tanto Gustavo Sáenz como algunos parlamentarios salieron a hablar de que harían algunas modificaciones para obligar a la ley a volver a la cámara de origen que es el Senado. La pregunta es bien simple, qué pasará en el Senado, acaso Flavia Royón volverá a insistir con ese artículo miserable que le paga el 50 por ciento del salario a una persona enferma por trabajar con 10 grados bajo cero. Son los mismos que ahora quieren hacernos creer que tienen un dejo de arrepentimiento cuando en realidad solo buscan esconder la foto fea de su traición a los salteños.

Sáenz no entiende lo que pasa acá en el norte
Entiendan de una vez, los diputados salteños han dejado de ser salteños el día que levantaron la mano para apoyar que sus derechos laborales sean recortados por personas que no entienden cómo es trabajar acá.
El gobernador Gustavo Sáenz, ese que inventó el pegadizo eslogan primero los salteños, ya puede talarse en una coqueta oficina de Palermo porque claramente no entiende lo que pasa acá en el norte. Mientras él se preocupa por su imagen, los trabajadores mineros y rurales seguirán esperando que alguien los represente de verdad y no que los vendan por un pacto de café porteño.