SALTA – El sistema de transporte público del área metropolitana de Salta, administrado por SAETA, volvió a quedar en el centro del debate público, debido a que estaría recibiendo más de 12 millones de dólares mensuales para sostenerse. En redes sociales, numerosos usuarios lo describen como “un agujero negro” desde el punto de vista financiero. Es un servicio que, si bien funciona de manera aceptable en términos generales, implica un nivel de gasto que muchos consideran difícil de sostener para una provincia con recursos limitados y que, además, no cuenta con subsidio nacional para su operatividad.
El propio presidente de la empresa, Claudio Mohr, reconoció recientemente la magnitud del costo que demanda el funcionamiento del sistema. Según explicó, el transporte urbano de pasajeros en Salta requiere alrededor de $17.000 millones mensuales para poder operar. Ese monto se cubre parcialmente con la recaudación del boleto, aunque una parte importante proviene de subsidios estatales, principalmente del gobierno provincial.
El dato deja en evidencia el peso que tiene el transporte en las cuentas públicas. En una provincia con limitaciones presupuestarias, sostener el sistema implica destinar recursos significativos para garantizar el funcionamiento diario de las unidades y la cobertura del servicio.
En ese contexto, también trascendió que el costo total del sistema podría ser aún mayor. De acuerdo con estimaciones que circulan en ámbitos vinculados al transporte, la Provincia debería destinar más de 12 millones de dólares mensuales para sostener el funcionamiento de SAETA, si se contemplan todos los componentes del esquema de financiamiento. Se trata de cifras que, aunque no fueron confirmadas oficialmente en detalle, reflejan la magnitud económica que implica mantener el sistema en marcha.
A esto se suma información extraoficial que también circula en redes y en ámbitos políticos, según la cual el Estado provincial estaría realizando aportes mensuales adicionales para sostener el servicio, reforzando la idea de una fuerte dependencia de fondos públicos.
Mientras tanto, los usuarios observan con preocupación la evolución del precio del boleto, que en poco tiempo registró incrementos significativos y encareció el acceso al transporte para miles de trabajadores, estudiantes y jubilados que dependen del servicio todos los días.
De esta manera, SAETA queda atrapada en una tensión cada vez más visible: por un lado, un sistema que garantiza el transporte cotidiano de miles de salteños; por otro, un esquema de costos y subsidios que vuelve a abrir el debate sobre su sustentabilidad a largo plazo para las finanzas de la provincia.