SALTA.- (Por Renato Ocampo) En los pasillos de la política salteña, la ironía suele ser el plato principal, pero Darío Madile ha decidido servir una porción doble. El presidente del Concejo Deliberante, que lleva años navegando las aguas de la mayoría oficialista, ha descubierto repentinamente las bondades del «consenso» y la «representatividad», justo ahora que le toca ser minoría en la Convención Municipal para la reforma de la Carta Orgánica.
En una entrevista con el programa Agenda Abierta, Madile respondió acusaciones de pertenecer a la casta y cargó contra La Libertad Avanza por ser “autoritarios”. Es claro que siente el peso de la oposición, a la cual no está acostumbrado.
«Peor que la casta»: el grito de quien perdió el control
Resulta fascinante escuchar a Madile calificar de “muy autoritario» el arranque de la Convención. Según el edil, los representantes de La Libertad Avanza (LLA) «barrieron con todo» y «se manejaron peor que la casta» al imponer sus autoridades haciendo valer sus 11 convencionales frente a los 10 de la oposición. “Vengo, te aplico el número y me quedo con todas las autoridades”, sentenció Madile con una indignación que parece olvidar su propia gestión en el cuerpo que preside.
Sin embargo, la memoria es selectiva. Mientras Madile denuncia que en la Convención «no hay democracia» porque LLA no cedió espacios, en su propio territorio, el Concejo Deliberante, la realidad es un espejo invertido. De las 10 comisiones de trabajo, 8 son presididas por concejales que responden al oficialismo de Madile (Kripper, Vargas, Ramos, Del Frari, Medici, Mamani, Bennassar y Gareca), dejando a las cenizas de la oposición apenas dos presidencias. Para Madile, que el PRO y la UCR se queden sin presidencias de comisión no es autoritarismo, sino simplemente que “tienen la última palabra porque ellos son mayoría”, como bien recordó la concejal Laura Jorge Saravia al analizar el control que el oficialismo ejerce hace años.
El ataque personal como técnica legislativa
La «preocupación» de Madile por la técnica legislativa se convirtió rápidamente en un ataque personal contra el senador Roque Cornejo. Con un tono que oscila entre el desprecio y la burla, Madile calificó de «gracioso» que el senador se sienta orgulloso de que sus convencionales, no conozcan los protocolos y funcionamiento interno de los procesos administrativos.
“Mínimamente te tenés que preparar para tu función”, disparó Madile, sugiriendo que venir del sector privado es casi un pecado si no se sabe “dónde se sientan los secretarios”. La soberbia política llegó a su punto máximo cuando afirmó: “La gente ni lo conoce al senador, porque ni sabe que lo votaron”, acusando a Cornejo de hacerse «dueño de los votos» solo por pertenecer a un espacio político.
En definitiva, Madile nos regala una clase magistral de cinismo político: el respeto a las minorías es una obligación republicana cuando él es minoría, pero un estorbo administrativo cuando tiene el mazo en la mano. Para el resto de los funcionarios, el mensaje es claro: en Salta, la «casta» no es la que sabe dónde se sientan los secretarios, sino la que no soporta que alguien más use la silla.