SALTA.- (Por Diego Nofal) En el marco de la tradicional marcha por la Memoria, la Verdad y la Justicia del 24 de marzo en la provincia de Salta, el interventor del Partido Justicialista, Pablo Kosiner, lanzó un mensaje que sacudió la modorra política local. Mientras las agrupaciones de derechos humanos recorrían las calles céntricas de la capital, el dirigente peronista aprovechó la ocasión para poner sobre la mesa un tema que incomoda a más de uno dentro del oficialismo provincial.
“Yo creo que hay muchos peronistas en Salta que son temerosos de tomar funciones públicas contra el gobierno de Milei, de venir a esta marcha”, disparó Kosiner con una ironía que dejó en evidencia las contradicciones internas.
“En el PJ estamos recuperando identidad primero, esto era parte del comienzo, es decir, no tenemos que discutir fecha de elecciones, primero tenemos que discutir qué identidad, qué Partido Justicialista tenemos”, sostuvo con un tono que mezclaba la paciencia del maestro con la urgencia del cirujano.
El exlegislador fue contundente al afirmar que el peronismo salteño necesita definirse como oposición sin ambigüedades, una postura que en los pasillos de la Legislatura generó más de un gesto de incomodidad. “Yo creo que hay que animarse a construir en todo el país, desde Tierra del Fuego a La Quiaca, incluido Salta, un frente político donde el peronismo no dude, es oposición a Milei”, sentenció, dejando claro que la tibieza ya no será una opción válida.
“No se puede compartir ninguna instancia electoral, sino está planteada esa coincidencia con la identidad, después vienen los procesos de diálogo y la fijación de fecha de elecciones, pero no al revés”, explicó como quien ordena los ingredientes antes de cocinar un plato que promete ser picante.
Pero más allá de los debates ideológicos, Kosiner puso el dedo en una llaga financiera que suele ser el talón de Aquiles de cualquier estructura partidaria en tiempos de vacas flacas.
“Si no vamos a fijar una fecha de elecciones, no vamos a tener en claro hacia dónde queremos ir, yo creo que la identidad es lo primero, recuperar”, argumentó, cerrando la puerta a cualquier apuro electoral que no venga acompañado de compromiso militante.
Kosiner desmintió que se haya expulsado a alguien del partido
“Esas siempre son facultades del Tribunal de Disciplina, lo que sí vamos a hacer, porque recién comienza el proceso, es evaluar cada situación”, prometió mientras esquivaba con habilidad la tentación de anunciar purgas anticipadas.
El verdadero impacto de sus declaraciones llegó cuando el interventor decidió hablar de números y de la necesidad de que aquellos que viven de la política comiencen a poner el hombro, pero también la billetera.
“Lo que sí vamos a hacer es pedirle a todos los afiliados al justicialismo que ocupan cargos públicos que empiecen a aportar, porque es muy fácil pedir elecciones sin aportar al partido cuando tenés una obligación de hacer un aporte”, enfatizó con la lógica impecable de quien sabe que la lealtad sin contribución suele ser solo un verso más.
“Ahí vamos a ver la regla del juego porque mirar la de afuera y exigir cosas cuando vos estás desfinanciando el partido no corresponde”, remató, dejando en claro que la paciencia tiene un límite y ese límite está directamente relacionado con el flujo de fondos.
La jugada de Kosiner no es menor, ya que pone en jaque a una larga lista de funcionarios del gobernador Gustavo Sáenz que, aunque militan en el peronismo, ocupan lugares clave en la administración provincial. Exigirles el aporte obligatorio que marca el estatuto partidario es una forma elegante pero efectiva de recordarles que no se puede vivir de la mamá política sin pasarle la mesada acordada. En un contexto donde muchos dirigentes suelen cambiar de camiseta según el termómetro electoral, la exigencia económica funciona como un revelador infalible de quién está dispuesto a bancar el proyecto con convicción real y no solo con declaraciones en los medios.
El mensaje del interventor llega en un momento clave, cuando el peronismo salteño intenta recomponer su identidad después de años de alianzas difusas que desdibujaron su perfil hasta volverlo irreconocible. Quizás por eso, más que una exigencia administrativa, el pedido de aportes es una prueba de fuego para separar al trigo de la paja en un partido que necesita, con urgencia, saber quiénes son realmente sus soldados.
Queda por ver si los funcionarios del oficialismo provincial atenderán el llamado o seguirán apostando a la vieja fórmula de mirar para otro lado cuando la conversación gira hacia las responsabilidades materiales. Lo que está claro es que, entre discurso identitario y presión económica, Pablo Kosiner logró instalar en la agenda pública un debate que muchos preferían mantener en el cajón de los temas incómodos. No sería extraño que esta exigencia marque el puntapié inicial para una depuración interna que promete sacar chispas en el peronismo salteño, aunque al menos ahora se hable con números y no solo con discursos de costado.
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