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Salta

Villada cedió información de los salteños a una empresa privada, la robaron y la subieron a la deep web

Para los memoriosos tal vez lo recuerden hace algunos meses les contamos que, de la mano de Ricardo Villada, la provincia de Salta iba a poner toda su información la más sensible la vital en manos de servidores y empresas privadas.

Ricardo Villada

SALTA.- (Por Diego Nofal) La deep web funciona como ese sótano oscuro de una casa que todos sabemos que existe pero preferimos no mirar. Allí confluyen hackers con nombre de equipo de fútbol o de superhéroe villano y también merodean quienes compran vidas ajenas con la misma liviandad con que otros compran un videojuego. Para los memoriosos tal vez lo recuerden hace algunos meses les contamos que, de la mano de Ricardo Villada, la provincia de Salta iba a poner toda su información la más sensible la vital en manos de servidores y empresas privadas. Pasó lo que en aquel momento le dijimos que iba a pasar hackearon esos servidores hace una semana y esa información en este momento está disponible en la deep web.

El lugar donde hoy reposan los datos más íntimos de los salteños es un espacio digital sin ley ni fronteras donde se codean delincuentes digitales especialistas en extorsión y otros protagonistas de actividades ilícitas que celebran estos trofeos. El hackeo lo llevó a cabo Chronus Team un grupo de delincuentes digitales que se dedica a robar datos sensibles de distintos organismos públicos y empresas privadas. Su modus operandi consiste en difundirlos públicamente para ponerlos a disposición de cualquiera que quiera comprarlos o con un poco más de esfuerzo conseguirlos gratuitamente como quien encuentra una billetera en la calle y decide vaciarla.

De acuerdo a lo que señalaron fuentes de la investigación los datos que resultaron afectados en la provincia de Salta fueron los del ministerio de seguridad y la policía de la provincia. Es decir que la información más sensible que está relacionada específicamente con la seguridad de las personas con denuncias que se han realizado con datos que son personales quedó expuesta sin ningún tipo de pudor digital. Relatos que las personas prefieren mantener en privado todo eso está hoy publicado en la deep web todo está disponible para cualquiera que quiera apropiarse de sus datos y usarlos con fines no lícitos como si se tratara de un súper de ofertas de la desgracia ajena.

Lo dijimos varias veces lo advertimos en estas páginas durante una semana entera que entregar la soberanía digital a empresas extranjeras y privadas era una pésima idea justamente porque podía ocurrir lo que está ocurriendo ahora. Si bien las autoridades se apuraron a decir que no se había complicado el funcionamiento de las distintas entidades que sufrieron el hackeo el daño ya está hecho los datos fueron robados y han sido subidos a distintos sitios ilegales como si fueran el botín de una mala película de los años ochenta. El optimismo oficial resulta tan útil como un paraguas en un diluvio de filtraciones porque la tranquilidad administrativa no recupera ni un solo archivo sustraído.

Así como se robaron los datos tranquilamente el día de mañana podrían limpiar los equipos de uno o más ministerios y los enfrentaríamos a la paralización de parte del Estado todo por la “brillante idea” de Ricardo Villada. Todo esto ocurre solo por el capricho de un funcionario o el negocio de un funcionario que llevó a nuestra provincia a dejar su información vital y parte de su funcionamiento en manos de empresas privadas que ni siquiera tienen sus oficinas en esta latitud. El centralismo tecnológico también tiene su propia versión del colonialismo digital donde los datos de los salteños navegan por servidores extranjeros mientras nosotros aplaudimos la modernidad sin preguntar quién custodia realmente la llave de nuestra propia casa.

La respuesta oficial al hackeo hasta ahora ha sido tan contundente como un bostezo de seguridad destacando que los sistemas operan con normalidad como si la normalidad fuera sinónimo de seguridad cuando en realidad es apenas el eco de una catástrofe que ya ocurrió. Mientras tanto la deep web sigue acumulando expedientes judiciales denuncias por violencia de género e informes policiales de ciudadanos que jamás autorizaron semejante exposición pública. Los responsables del robo seguramente ya están negociando lotes de datos con otros delincuentes mientras quienes debieron proteger esa información guardan un perfil bajo como un lagarto en la siesta.

La soberanía digital de una provincia no se negocia en contratos oscuros ni se subasta al mejor postor extranjero bajo la excusa de la eficiencia tecnológica. El ejemplo de Salta debería quedar como una advertencia de manual para aquellos gobernantes que confunden modernización con entregar el patrimonio más valioso que posee un Estado la información de su gente. Porque una vez que los datos personales se filtran al sótano oscuro de internet ya no hay servidor público ni juez ni reclamo que pueda volver a ponerlos bajo llave. La pregunta entonces es sencilla y brutal quién va a responder por los datos de los salteños que ahora circulan como moneda de cambio en la peor de las economías.