SALTA.- (Por Diego Nofal) En las últimas horas una noticia inquietante llegó desde la vecina orilla y muchos en Salta salieron corriendo a buscar el manual de catecismo judicial. La intervención del Partido Justicialista de Jujuy se cayó de madura y en su lugar quedó a cargo un salteño de ley, el inefable Ricardo Villada. Sin embargo antes de que los dirigentes locales se hagan ilusiones con un efecto dominó hay que poner los pies sobre la tierra. Existen poderosas razones jurídicas y temperamentales para creer que en Salta será casi imposible que se replique de manera automática ese mismo viento de desintervención partidaria.
La primera gran diferencia que desinfla cualquier esperanza de un cimbronazo similar en la provincia es la ausencia total de un hecho objetable de manual. En Jujuy la justicia encontró un flanco débil al detectar la expulsión de dirigentes sin la conformación del correspondiente tribunal de disciplina partidario. Aquí en el justicialismo salteño las aguas han estado quietas como el Dique Cabra Corral en invierno y no ha habido ningún expulsado ni ninguna decisión drástica. Al no existir esa irregularidad procesal flagrante el recurso presentado en los tribunales federales locales se asemeja más a un deseo militante que a un hecho concreto.
A esto se suma el talante personal del magistrado que tiene la lapicera y la llave de la cuestión electoral en nuestra geografía. El juez Federal Julio Leonardo Bavio no es hombre de amanecerse con un fallo estridente ni de dar golpes de timón intempestivos en medio de la tormenta. Como todos los jueces tiene sus cercanías y sus distancias en el mundillo de la rosca política provincial eso no lo niega nadie. Pero a la hora de resolver suele andar con pie de plomo y con un apego tan firme a las formas que cualquier resolución llevará un tiempo más cercano a lo geológico que a lo periodístico.
Pero nos preguntamos de dónde viene este revuelo si la posibilidad de un desenlace rápido es tan remota como un verano sin calor en el Chaco salteño. Las novedades venían de Jujuy y no, no era otra paliza en el sector turístico ni una nueva medición de cuál provincia ofrece la mejor empanada. Mucho menos después de que Salta haya levantado la puntería tras un par de años de ostracismo justo en Semana Santa, un triunfo moral que merece su propio cuadrito. No, las noticias eran estrictamente partidarias y referidas a los vaivenes eternos del peronismo en la tierra de los diaguitas y los omaguacas.
Muy difícil que se replique en Salta
De acuerdo con lo que trascendió en pasillos judiciales y cenas con mucho locro de por medio la intervención al PJ jujeño llegó a su fin. El elegido para quedar a cargo de esa unidad básica gigante es ni más ni menos que Ricardo Villada un salteño que ya extraña el aire del cerro San Bernardo. El mismo Villada que dejó los datos y la privacidad de los salteños en manos de una empresa privada y ahora esos dígitos andan dando vueltas por la deep web a disposición de cualquiera. Mientras tanto en Salta el signo de interrogación sigue siendo tan grande como la plaza 9 de Julio y con la misma escasez de sombra.
Pero, como ya lo explicamos la posibilidad de que ocurra en Salta es casi imposible. Este proceso tiene como base el incumplimiento de un cronograma electoral del 2024 y la expulsión de militantes. Nada de eso pasó en Salta, sin contar que hay cuestiones judiciales que hay que tener en cuenta si queremos pensar en la posibilidad de una réplica en nuestra provincia.
Hay que recordar que el PJ disidente de Jujuy supo cultivar una relación cercana con la justicia Federal de esa provincia por eso navegar entre los mares judiciales no les resultó para nada complejo. En cambio aquí los dirigentes que impulsan el fin de la intervención chocan contra un muro de cautela llamado Julio Bavio. Antes era una máxima política en la vecina provincia y funcionaba casi como un oráculo griego pero sin laureles. Solían decir con tono profético y algo de resignación si pasa en Salta muy pronto va a pasar en Jujuy sobre todo en materia de conflictividad social o protestas gremiales.
Lo que nunca ocurrió en la historia reciente de estas dos hermanas que se miran de reojo es que fuera al revés. Nunca vimos que algo que pase en Jujuy se replique automáticamente en Salta y esta cuestión judicial no será la excepción a esa regla no escrita. En gran parte por eso los jujeños en los últimos diez años no vienen pasando por encima social, cultural y económicamente a los salteños. Así que en lugar de esperar una resolución inminente más vale buscar una silla cómoda porque el asunto en el PJ Salta promete durar más que una cadena nacional de “La Señora”.
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