SALTA – Con aumentos acumulados que superan el 600% en poco más de dos años, la política tributaria municipal de Emiliano Durand se consolida como uno de los ejes más cuestionados de la gestión. Se trata de un contexto donde los ingresos de los vecinos quedaron muy por detrás.
Mientras la ciudad de Salta celebra su 444° aniversario, la gestión municipal llega a la fecha con un dato difícil de esquivar. En poco más de dos años, los impuestos locales se multiplicaron entre cinco y seis veces.
Desde diciembre de 2023, cuando asumió la actual administración, el esquema tributario sufrió un cambio estructural. El primer impacto fue inmediato: la Unidad Tributaria (UT) —base de cálculo de tasas municipales— aumentó un 140%. A partir de ahí, se consolidó un sistema de actualizaciones automáticas atadas a la inflación, lo que convirtió a los incrementos en un mecanismo permanente.
Cabe recordar que la administración de Emiliano Durand está marcada por los tarifazos y los impuestazos. Solo en el primer año de mandato del intendente, las subas alcanzaron aproximadamente un 474%, muy por encima de la inflación. A su vez, si se analiza la suma desde aquel diciembre de 2023 hasta hoy, las estimaciones plantean un alza del 600%–670% acumulado, muy lejos de cualquier suba salarial.
El impacto ya dejó de ser un dato técnico para convertirse en un problema cotidiano: boletas impagables, contribuyentes al límite y una presión fiscal que se volvió estructural. Lo que se presentó como una corrección inicial terminó consolidando un esquema de aumentos permanentes.
El argumento oficial apunta al contexto macroeconómico: caída de recursos, inflación y necesidad de sostener servicios básicos. Sin embargo, la magnitud de los aumentos abre interrogantes sobre el equilibrio entre financiamiento estatal y presión fiscal en un escenario de fuerte deterioro del poder adquisitivo.
La paradoja es evidente. Mientras desde el discurso se promueven beneficios impositivos para determinados sectores, en la práctica la estructura general de tasas se vuelve cada vez más pesada. El sistema de indexación automática, lejos de amortiguar el impacto, lo profundiza: garantiza que la carga tributaria siga creciendo incluso sin nuevas decisiones políticas visibles.
En este contexto, el aniversario 444 encuentra a la ciudad atravesada por una tensión concreta: la necesidad de sostener el funcionamiento municipal frente a una economía en crisis, y el límite cada vez más evidente de los contribuyentes para absorber aumentos constantes.
La celebración, así, queda atravesada por una pregunta incómoda: si el ajuste baja desde Nación y aprieta a provincias y municipios, ¿hasta dónde puede trasladarse ese costo a los vecinos sin que el sistema termine volviéndose insostenible?