SALTA.- (Por Renato Ocampo) El oficialismo ha bautizado su nueva joya como «Ley de Participación Democrática«, un título pomposo que, según la diputada radical Soledad Farfán, esconde una realidad mucho menos noble.
Luego de la media sanción en diputados, Soledad Farfán dialogó con EL INTRA y sostiene que esto no es otra cosa que “un retroceso, un retroceso para la democracia salteña”.
Mientras el gobierno se jacta de avanzar, la diputada recuerda que “hace más de veinte años eliminaron la Ley de Lemas, mostrando como que teníamos un avance en la participación ciudadana”, pero hoy la historia parece morderse la cola en un círculo vicioso.
La ironía de la «participación» se vuelve evidente cuando se analiza quiénes son los verdaderos invitados a la fiesta. Para la legisladora de la UCR, la norma invierte la lógica del poder: “Nosotros creemos que esta ley centraliza la decisión en los partidos políticos, y queremos, en realidad, que suceda al revés”. El contraste con el sistema de las PASO es inevitable en su análisis, ya que aquellas sí “llamaban al elector a que se acerque a los partidos políticos para que puedan elegir quién querían ellos que los representen en la elección general”. En cambio, esta nueva arquitectura electoral parece diseñada en un laboratorio de sombras donde “esta ley hace totalmente lo contrario”.
Lo que más preocupa a Farfán es la alquimia de los sufragios, donde la voluntad del ciudadano puede terminar en el bolsillo de un desconocido. “Queremos que haya una relación directa entre votos y los resultados, ¿no? En este caso, bueno, al tener frentes, se sumarían los candidatos y muy posiblemente salga electo alguien que el elector no decidió votar”, advierte con lógica. Es la magia de los «frentes»: usted vota a uno, pero elige a otro.
Sobre la llamativa exclusión del gobernador del texto final de la ley, Farfán no oculta su lectura política de una retirada estratégica. “Primero que convengamos que el proyecto sí incluía al gobernador, después lo sacaron”, dispara, sugiriendo que el oficialismo acusó el golpe de la opinión pública. Para ella, la maniobra es clara: “Me imagino que ha sido producto de que hubo una escucha de distintos sectores que han manifestado, por supuesto, en esta opinión en contra, y me parece positivo que no se incluya al gobernador. Creo que es una elección que va orientada justamente hacia las intendencias y hacia las legislaturas”.
Mirando hacia el futuro, el radicalismo parece estar desempolvando sus viejas banderas y adaptándolas a la era digital. Farfán asegura que la estructura está lista para enfrentar el desafío de los quince departamentos que exige la nueva ley para presentar una fórmula gubernamental .“Tenemos las estructuras, tenemos que buscar los tiempos para volver a consolidarnos y fortalecernos”, afirma, destacando que incluso “la pandemia ha dejado como positivo el uso de las redes sociales”para acortar las distancias de una provincia extensa.
Sin embargo, donde la diputada se muestra más tajante y abandona cualquier atisbo de duda es al hablar de posibles alianzas con los vientos libertarios que soplan desde Buenos Aires. Su respuesta es un «no» rotundo: “No, no, jamás con los libertarios”. La distancia no es solo electoral, es filosófica y moral. “Nosotros tenemos fuertemente una diferencia de concepción del Estado con ellos. Nosotros creemos en la educación pública, en la salud pública, en la contención de nuestros abuelos” sentencia, marcando una línea roja que el radicalismo no parece dispuesto a cruzar.
Soledad Farfán deja una puerta entornada para el diálogo con quienes compartan sus principios, pero con una advertencia final que suena a declaración de independencia: “Por ahora, el radicalismo tiene la fuerza para salir solo”.