SALTA (Por Renato Ocampo).- En un gesto de conmovedora sensibilidad social, enmarcado en estos tiempos de privaciones y austeridad franciscana, la dirigencia política de Salta ha decidido que no hay mayor prioridad que socorrer a los más desprotegidos: los artistas millonarios. Y el nombre del Chaqueño Palavecino aparece vinculado al tema.
El reciente Decreto Nº 246/26 es una pieza maestra de la ironía administrativa; en él, el Gobierno Provincial oficializa un beneficio económico vitalicio para el señor Oscar Esperanza Palavecino, bajo el noble rótulo de «Reconocimiento al Mérito Artístico«.
Resulta verdaderamente enternecedor que el «Chaqueño», tras décadas de edificar una fortuna considerable —gran parte de ella cimentada sobre los generosos cachets de festivales públicos financiados por los mismos contribuyentes que hoy no llegan a fin de mes—, haya tenido la delicadeza de solicitar personalmente este auxilio estatal.
La agilidad estatal cuando hay que premiar a los artistas
Mientras miles de salteños en la periferia y el interior profundo aguardan, con una paciencia casi bíblica, que servicios tan elementales como el agua potable o la electricidad dejen de ser un espejismo de ciencia ficción, nuestras autoridades han preferido dedicar sus mejores esfuerzos burocráticos a certificar que el ilustre peticionante tiene más de 55 años y que, efectivamente, lleva dos décadas cantando.
La celeridad con la que la Fiscalía de Estado y la Secretaría de Cultura han dictaminado la procedencia de este estipendio, equivalente al Nivel 13 del escalafón administrativo, es un testimonio elocuente de la agilidad estatal cuando se trata de premiar a los consagrados. Es, sin duda, una elegante forma de redistribución de la riqueza: detraer recursos de una sociedad empobrecida para asegurar el bienestar vitalicio de quien ya ha blindado su patrimonio a costa del erario público.

La particular escala de valores de la dirigencia de Salta
No deja de ser fascinante la escala de valores de nuestra dirigencia. En una provincia donde el hambre y la falta de infraestructura básica son realidades que golpean sin pausa, el Gobierno opta por la «justicia poética» de subsidiar a una estrella. Esta resolución, refrendada con una firma que parece ignorar el clamor de las necesidades populares, nos recuerda que para la política salteña el mérito no se mide en la urgencia del que no tiene nada, sino en la conveniencia de seguir agasajando a los que ya lo tienen todo.