GUSTAVO AMASA, EMILIANO EMPUJA: La semana pasada celebrábamos con la emoción de quien descubre agua tibia que el Gobernador Gustavo Sáenz había mutado en asistente de ocasión tras un accidente en la entrada de un barrio privado. Un gesto noble, sí, pero también oportunamente capturado, como si la vocación de servicio necesitara sí o sí de un buen ángulo y luz natural. La política local, siempre creativa, decidió no soltar ese hilo narrativo. Esta semana el turno fue de Emiliano Durand, que apareció en escena empujando una camioneta varada en plena calle. La imagen, casualmente nada casual, circuló con velocidad quirúrgica por los medios amigos, que la elevaron a categoría de hazaña cívica. Y en medio de tanta épica mecánica, queda flotando una pregunta bastante terrenal: ¿qué tiene de malo que los políticos ayuden? Si, al final del día, para eso también se les paga.
SE HA FORMADO UNA NUEVA PAREJA: En los pasillos donde suelen discutirse fallos y no flechazos, empezó a circular una versión con tono de novela discreta: el juez de la Corte, Fabián Vittar, habría cambiado por un rato la jurisprudencia por la química. Dicen que la protagonista es una abogada con historia ,ex de un ex ministro de la gestión de Juan Manuel Urtubey, hoy radicado en España, y con suficiente kilometraje sentimental como para reconocer cuándo el expediente vale la pena. Todo, por supuesto, envuelto en ese halo enigmático que tanto le gusta a la política cuando decide hablar de lo que no confirma. Lo cierto es que, después de años de matrimonio por un lado y de separaciones y candidatos fallidos por el otro, la historia habría encontrado punto de encuentro en versión “renovadora”: él ya muy enamorado; ella, aparentemente cansada de las malas defensas afectivas. Entre rumores, sonrisas y silencios estratégicos, la causa avanza sin necesidad de dictamen público. Y si alguien pregunta por el estado del expediente, la respuesta parece sencilla: para mi ciudad, Fabián Vittar.
PINCHAZO SÍ, GIMNASIO NO: En los pasillos de la Legislatura, después del debate por la ley de lemas, no todo fue rosca y conteo de votos. También hubo lugar para la balanza. El diputado ultra oficialista Gustavo Dantur, habría sido visto en el consultorio de una reconocida endocrinóloga local, no precisamente preguntando por dietas ni rutinas, sino interesado en el atajo de moda: las inyecciones para bajar de peso. Eso sí, con criterio fiscal: nada de marcas premium importadas, mejor versiones nacionales, más accesibles y menos dolorosas… para el bolsillo. El dato termina de cerrar el perfil: pocas ganas de transpirar, bastante interés en resultados rápidos. Adelgazar, sí; esfuerzo, lo justo. Aunque hay algo que no entra en ningún plan: perder peso político. Porque mientras la balanza se intenta inclinar con ayuda farmacológica, la banca sigue firme, sin necesidad de ajuste ni recorte.
VILLADA, DE LA TETA AL FREE SHOP: Había prometido, con tono solemne, soltar la teta del Estado. Pero cumplió como promesa de campaña en año impar: apenas empezó el calendario, ya nadie se acordaba. Ricardo Villada, ex ministro de Gobierno, volvió a aparecer en escena con esa versatilidad que da el oficio: un día es ministro, al otro turista frecuente con agenda difusa y viáticos firmes. Porque si algo no se negocia, es la vocación de servicio… sobre todo cuando incluye embarque prioritario. Esta vez, su GPS institucional lo ubicó en la Feria Internacional de Turismo en San Pablo, Brasil. ¿En carácter de qué? Gran interrogante. Ni los propios empresarios del sector lograban decodificar qué hacía ahí quien hasta hace poco orbitaba entre el Registro Civil, SAETA y los derechos humanos, ahora vinculado a políticas turísticas. Lo cierto es que, más allá del misterio funcional, hay una certeza bastante terrenal: el viaje no salió de su bolsillo. Y en tiempos donde todo se mide, parece que la única política pública sostenida es la de no bajarse nunca del avión.
MATILDE ESTÁ ENOJADA: Después de aquella recordada pirueta de enero con los afiliados del IPS (cuando la idea de “ordenar” terminó coqueteando con dejar afuera a jubilados con derecho adquirido) en la Secretaría Legal y Técnica de la provincia parece haberse impuesto una nueva doctrina: mejor no confiar en nadie… salvo en el espejo. La secretaria legal y técnica, Matilde López Morillo, habría tomado nota del costo político de la metida de pata y ahora cultiva un estilo de gestión más introspectivo: expediente corto, círculo aún más corto. A la par, quienes frecuentan el área la describen inquieta, de humor cambiante, con poca paciencia para voces externas: abogados técnicos, incluso de renombre, quedarían rápidamente fuera de juego si no integran el círculo de confianza. Dicen que la mesa chica se reduce a dimensiones familiares; donde su hija estaría nombrada y sería su persona de mayor confianza y que todo pasa por ahí antes de llegar a destino. La prudencia, en este caso, se volvió blindaje: menos voces, más control. El detalle no menor es que, entre cautelas y filtros, por esa oficina termina pasando buena parte de lo que firma el gobernador. Y así, entre la desconfianza administrada y la lapicera siempre lista, la política encuentra su versión más minimalista: pocos adentro, muchos mirando desde afuera. Para más precisión buscar en el boletín: Agustina Saravia.
AMOR MUNICIPAL CON CONTROL DE DAÑOS: En el siempre entretenido universo del CCM, los romances también gestionan. Esta columna ya había confirmado el vínculo entre Claudio Fernández (coordinador en Deportes) y María Pia Juncosa, funcionaria que sobrevivió con pericia al cambio de gestión y se mantuvo a flote tras el tsunami inicial de la era Princeso Durand. Pero lo que empezó como una historia de continuidad administrativa y afinidad personal, hoy suma un condimento extra: versiones de un noviazgo con más controles que un expediente sensible. Dicen que en esta relación no solo se revisan agendas, sino también celulares, redes sociales y listas de seguidores con una minuciosidad digna de auditoría. El dato que circuló con especial entusiasmo en los pasillos de la Paraguay es que en más de una ocasión, Juncosa habría intervenido directamente en las redes de su pareja, depurando seguidoras femeninas bajo un criterio sencillo pero firme “no hace falta que lo sigan tantas mujeres”. Entre el amor, la gestión y el control de daños, la pareja parece haber encontrado su propio manual de convivencia. Eso sí, con usuario y contraseña compartidos.
MODO FANTASMA: En la Subsecretaría de Mujeres, Género y Diversidades, la dinámica interna parece haber adoptado el formato chat: mensajes largos, doble tilde gris y respuestas que no llegan. Julieta Valencia Donat habría hecho saber su incomodidad con el equipo “heredado” vía WhatsApp, pero la notificación se perdió en ese limbo donde caen las urgencias que no tienen padrino. El reclamo, dicen, fue claro; la recepción, bastante más fría. La única devolución que habría circulado, atribuida al coordinador administrativo, bajó en modo tutorial exprés: “Mamita, vos ya sabías que no podías nombrar a nadie”. Desde entonces, la subsecretaria ensaya una estrategia singular para navegar la oficina: llegar antes que todos y retirarse después, minimizando cruces y saludos. En un área donde se promueve el encuentro, la gestión opta por el sigilo. Una atrevida.