SALTA (Por Renato Ocampo).- El escenario político de Salta suele ser una maraña, pero esta vez la aceleración roza lo caricaturesco. Sin cronograma electoral en marcha y con demandas sociales que apremian, el oficialismo provincial empieza a hacer circular nombres para la sucesión de Emiliano Durand en la capital (profundizando la distancia evidente entre la sociedad Sáenz – Durand). Lo hace fiel a una práctica conocida, la de las terceras y cuartas líneas del saencismo como Ricardo Villada, que ensayan candidaturas antes de tiempo, sin volumen ni anclaje en la gestión.
En ese esquema aparece Gastón Galíndez, que directamente se autopercibe candidato a intendente, y también el mencionado ex ministro Villada, que reactivó su armado con una reunión que, aunque planteada como técnica, derivó rápidamente en un gesto político. Allí, un grupo reducido, sobre todo del sector joven, lo proclamó sin matices, “es nuestro candidato a intendente”, una escena que expone más necesidad de posicionamiento que una construcción real.
El caso de Villada resulta particularmente llamativo. Tras su salida del Ministerio de Gobierno, había planteado un retiro de la política que nunca se concretó. Luego aceptó un rol difuso como coordinador de políticas de enlace, una función que lo llevó a actividades dispares, desde presencia en ferias de turismo hasta su intervención en el PJ de Jujuy, sin un eje claro ni un territorio político definido. Esa trayectoria reciente deja más interrogantes que certezas sobre su verdadero lugar dentro del esquema oficial.
La insistencia en instalar el nombre de Villada
La insistencia en instalar su nombre, en este contexto, parece más una búsqueda personal que una estrategia articulada. Como si la política fuese un tablero donde se puede saltar de casillero en casillero sin lógica, casi como jugar al Mario Bros de la intendencia, acumulando intentos sin consolidar una identidad.
Mientras tanto, la agenda real queda relegada, la caída de obras públicas en la provincia, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades cotidianas de los salteños, especialmente en los sectores más golpeados. En ese contraste, la anticipación electoral no solo luce inoportuna, sino desconectada.
Más que una disputa por liderazgos, lo que empieza a vislumbrarse es un oficialismo que gira sobre sí mismo, repitiendo nombres y movidas, sin terminar de resolver lo más básico, su propia orientación política.
