SALTA.- (Por Diego Nofal) El PRO Salta logró reunir a 22 personas en un cónclave que inevitablemente trajo a la memoria la formación de dos equipos de fútbol perfectamente simétricos. Lo asombroso es que, tras ese encuentro, se dividieron en dos bandos de once, como si la política imitara al deporte más popular del país. Resulta irónico que un partido que supo ser tan grande y la segunda fuerza en la provincia hoy sea un tira y afloje entre un grupúsculo de oficialistas advenedizos. Esos militantes tanto de Emiliano Durand como de Gustavo Sáenz pretenden un sello de goma para llevarle a sus respectivos jefes con una obediencia que roza lo caricaturesco.
Por el otro lado, hay un grupo de militantes que jamás quisieron levantar la mano pero hoy están dispuestos a recuperar los valores con los que nació el partido hace mucho tiempo. Lo hacen antes de que Mauricio Macri decida lotearlo y vendérselo a La Libertad Avanza en una subasta que muchos ya dan por descontada en los pasillos porteños. Hace apenas una semana todo parecía acordado sin armar una gran lista, que era lo que más le gustaba a Buenos Aires, y todos iban a estar adentro tal vez con algunas ausencias destacadas como las de Agustina Álvarez y Alberto Castillo.
Ambos están identificados, la primera con el gobierno municipal y el segundo con el gobierno provincial del cual fue funcionario, así que sus ausencias eran tan previsibles como un gol en contra en una cancha embarrada. Pero sobre el final de la jornada, adivinen qué, la niña mimada Agustina Álvarez, que llegó a la política de la mano de su abuelastra Vicky Cornejo y siempre financiada por su papá, decidió que la unidad no le gustaba. Con un gesto que mezcló rebeldía adolescente y cálculo de poder, rompió el precario consenso que se había cocinado con llamadas entre Salta y el obelisco.
Quedaron de un lado ella, Alberto Castillo y quienes querían el sello del PRO para negociarlo con distintos oficialismos provinciales, como en nuestra época cambiamos figuritas en un recreo. Del otro lado se plantaron Nicolás Maggio, Betina Saracino, María Eugenia “Coco” Varela y un puñado de referentes que buscan que el PRO tenga su propio candidato a gobernador sin pedir permiso a las casas rosadas de cada distrito. De hecho ya empezaron a barajarse nombres y el partido que fundó Mauricio Macri, hoy en Salta es un infierno, podría ser el primero en presentar un candidato a ocupar la primera magistratura el año próximo.
Esos nombres suenan en reuniones reservadas y algunos se animan a susurrar apellidos con pedigrí macrista, aunque todavía sin estridencias porque el temor a represalias es grande. Lo cierto es que la idea de un candidato propio genera urticaria en los oficialismos provinciales, que preferían un PRO domesticado y funcional a sus esquemas de reparto. Resulta paradójico que, en la tierra de Güemes, el macrismo se debata entre ser una franquicia de lujo o una fuerza con identidad local, justo cuando las encuestas empiezan a moverse.
Anoche a las cero horas cerró la presentación de listas, aún no se sabe cuántas serán validadas y oficializadas, eso se conocerá recién mañana, pero por ahora lo que se rumorea es que habrá elecciones internas. Esa instancia funcionará como una suerte de final anticipada donde los dos equipos de once saldrán a la cancha a disputar el balón del poder partidario. Ahí se mostrará si los oficialismos provinciales se imponen con su rodillo habitual o si el músculo político de los militantes puros logra arrebatarle a Emiliano Durand y a Gustavo Sáenz el sello del PRO.
En una pulseada que promete ser tan entretenida como un clásico del fútbol salteño pero con menos goles y más traiciones, los afiliados oficiarán de hinchada dividida y tironeada por ambos sectores. Tal vez sea la hora de que el PRO salga del vestuario y demuestre que tiene más que 22 jugadores, aunque por ahora la interna esté al rojo vivo y el árbitro Macri mire desde el palco sin decidir si expulsar a alguien o cobrar un penal a último minuto. Será cuestión de esperar al pitazo inicial que revele si este partido termina en goleada o en un nuevo y aburrido empate de la política provincial.
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