SALTA (Por Renato Ocampo).- En un giro inesperado para quienes frecuentan el Concejo Deliberante de Salta, el concejal José García ha decidido, por una vez, dejar de lado las rimas poéticas y las vocalizaciones para adentrarse en la espesura de la política territorial y el desguace normativo nacional. Y ello la llevó a referirse, sin nombrarla, a Bettina Romero.
Lejos de sus habituales intervenciones sobre temas irrelevantes que suelen matizar las sesiones, García se presentó como el abanderado de la «Mesa Provincial de Barrios Populares«, asegurando que desde que le «tocó asumir como concejal» ha trabajado para adaptar las ordenanzas a las necesidades de la ciudad.
Sin embargo, detrás de su vehemente defensa de la Ley 27.453 y la Ordenanza 15.903, vinculada a la regularización de asentamientos, se esconde la calculada pirueta de un actor político que hoy se muestra funcional al ejecutivo de Emiliano Durand, tras haber gravitado cómodamente en la órbita de la gestión anterior, incluso presenciando actos y recorridas en territorio junto a Bettina Romero, de la cual hoy rescata (sin nombrarla) sus logros más tangibles para apuntalar su propia campaña.

La inusual lucidez técnica de José García
En su alocución, García destacó con inusual lucidez técnica la importancia del Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP) y el impacto del Fondo de Integración Socio-Urbana (FISU), señalando que cuando las políticas se aplicaban positivamente, «desembarcaban en la ciudad de Salta esos fondos» con «obras que de verdad marcaron un antes y un después» .
El concejal, en un ejercicio de honestidad retrospectiva, reconoció que estas intervenciones «le han cambiado la vida» a los vecinos, integrándolos finalmente a la sociedad. Es destacable que el edil se detuvo minuciosamente en el éxito de infraestructuras que hoy son realidades, mencionando que «basta con ver el muro de contención del río Vaqueros en Juan Manuel de Rosas» o escuchar «los testimonios de los vecinos al ver el chicote y los tanques de agua, que parecía un sueño imposible» en esa misma ubicación.
García continuó su inventario de logros ajenos, al enumerar las obras realizadas en «Ampliación 20 de Junio, en 23 de Agosto, en Sanidad» y la situación de los vecinos de San Justo, para quienes la ley establecía herramientas de avance que hoy se ven amenazadas. Lo que el concejal omite en su relato es que, a pesar de su actual «preocupación» por las más de «120.000 familias» en peligro, él mismo no gestionó ni elaboró proyecto de obra alguno para que el gobierno de Alberto Fernández destinara esos fondos a Salta.
Su rol parece haber sido el de un espectador privilegiado que ahora, ante el avance de la «ley de inviolabilidad de la propiedad privada» impulsada por el gobierno de Javier Milei, busca capitalizar el descontento social declarándose en «lucha» permanente.
La ironía de su discurso alcanzó su punto máximo cuando reclamó que «legisladores, funcionarios y la clase política toda debe asumir la responsabilidad de en qué lugar está parado», ignorando su propia transigencia temporal que lo llevó de ser un aliado del esquema anterior a un engranaje más del actual oficialismo municipal .
Con un tono que busca la épica, García advirtió que «si tenemos que salir a la calle con los vecinos de los barrios populares, lo vamos a hacer», prometiendo un «amparo judicial» contra el desguace de la ley que protege a los asentamientos.
¿Lo considerará Emiliano una traición?
Para los funcionarios que conocen el paño, la metamorfosis de García es clara: el artista que antes entretenía la sesión con canciones, hoy intenta entonar una melodía de barricada, usando las obras de la gestión de Bettina Romero como el escenario ideal para su próxima función electoral, mientras se acomoda bajo el ala del ejecutivo de Durand. ¿Qué medidas tomará Emiliano con esto? ¿Lo considerará una traición?
