SALTA.- (Por Renato Ocampo) Bajo el disfraz de una «modernización necesaria», la Municipalidad de Salta ha entregado por 25 años el destino de la Terminal de Ómnibus al Grupo Flecha, en una movida que no solo huele a continuidad, sino a un abandono total de la función pública en favor del negocio privado.
Una sociedad creada en vano: El teatro del «control público»
Resulta casi cínico recordar que, apenas en febrero de 2026, el Boletín Oficial publicaba con bombos y platillos la creación de la Terminal de Ómnibus de la Ciudad de Salta S.A.U., una Sociedad Anónima Unipersonal con el 100% de capital municipal. En aquel entonces, los concejales oficialistas defendían la herramienta como la «mejor garantía de modernización, eficiencia y control público».
Hoy, esa estructura parece haber sido solo un puente burocrático, una cáscara vacía para facilitar la transición hacia lo que realmente importaba: delegar el servicio nuevamente al sector privado. ¿Para qué se invirtieron 30 millones de pesos de capital municipal en una sociedad que terminó entregando el negocio a terceros? La respuesta es clara: la gestión de Durand prefiere evadir la responsabilidad de invertir recursos propios y gestionar el patrimonio de los salteños, optando por una cómoda delegación que solo busca recaudar.
Los dueños de siempre con un nuevo nombre
El anuncio del Grupo Flecha (a través de Terminal Pacheco SA) como adjudicatario de la licitación no es ninguna novedad, sino el regreso de los viejos conocidos. Detrás de esta fachada se encuentra la sombra de la familia Levin y la empresa La Veloz del Norte, los mismos que han manejado los hilos del transporte y la terminal durante décadas. Es, en esencia, un cambio de nombre para que los mismos dueños, quienes permitieron que la terminal llegara a su estado actual de abandono estructural tras 20 años de concesión previa, ahora prometan mágicamente, inversiones de 12 mil millones de pesos.
Si no invirtieron cuando tenían la obligación de hacerlo, ¿qué nos garantiza que ahora sí lo harán? La desconfianza es total. Mientras tanto, la Municipalidad celebra un proyecto «ambicioso» que se financia exclusivamente con capitales privados, renunciando soberanamente a la gestión directa del principal acceso a nuestra ciudad.
La angustia detrás del «progreso»: Trabajadores y comercios en vilo
Detrás de los renders de tecnología y «servicios similares a los de las mejores terminales del país», hay gente de carne y hueso que hoy no duerme. Los trabajadores operativos de la actual concesión y los comerciantes que alquilan locales dentro del predio viven sumergidos en la incertidumbre más absoluta. Ninguno sabe qué pasará con su fuente de trabajo una vez que el nuevo grupo tome posesión. En el afán de Durand por generar una «buena imagen» comercial, se ha olvidado de la estabilidad de las familias que han sostenido el funcionamiento de la terminal durante años.
El apartado más doloroso de esta gestión es, sin duda, el trato hacia los más vulnerables. Bajo la excusa de «revitalizar comercialmente» el acceso de la ciudad, la Municipalidad ya ha comenzado a avisar a vendedores ambulantes y puestos de comida callejeros que serán retirados. Sin certezas ni reubicación, más de 10 familias que dependen de la venta de comida como único sustento están en alerta roja. El municipio desaloja sin ofrecer una alternativa real, priorizando la «buena imagen» para el turista por encima del hambre del salteño. «A Emiliano no le importan los pobres», denuncian los feriantes, quienes ven cómo sus puestos son barridos para dar lugar a bancos, farmacias y gimnasios privados que solo buscan la recaudación.
La gestión de Emiliano Durand se consolida así como un modelo donde lo político se subordina a lo empresarial. Se crean sociedades para el aplauso, se entregan las llaves a los amigos de siempre y se expulsa a los trabajadores informales a la incertidumbre.