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Vinos y Lugares

De El Shincal a los viñedos de Hualfín: qué hacer en Belén, Catamarca

La ciudad catamarqueña consolida una propuesta turística que integra el legado arqueológico de El Shincal, la tradición textil de sus ponchos y la creciente excelencia de sus viñedos de altura sobre la emblemática Ruta 40.

Shincal en la ciudad de Londres, Catamarca
Shincal en la ciudad de Londres, Catamarca

¿Qué hacer en Belén, Catamarca? Desde las ruinas de El Shincal hasta los viñedos de la bodega Mena Saravia enHualfín, el oeste catamarqueño ofrece algunas de las experiencias más auténticas del norte argentino. Ubicada sobre la histórica Ruta 40, Belén combina arqueología, pueblos cargados de historia, paisajes de montaña, vinos de altura y termas naturales, convirtiéndose en uno de los destinos más atractivos para quienes buscan descubrir una Argentina diferente.

Uno de los imperdibles de cualquier visita es recorrer el casco histórico de Belén. Su plaza principal, la Iglesia Nuestra Señora de Belén y las calles tranquilas permiten descubrir el ritmo pausado de una ciudad que mantiene vivas muchas de sus tradiciones.

La Ruta del Telar constituye otra de las grandes atracciones de la zona. Belén es reconocida como la Capital Nacional del Poncho y numerosos talleres familiares permiten conocer el trabajo artesanal que desde hace generaciones transforma la lana de llama, oveja y vicuña en piezas únicas.

A pocos kilómetros aparece Londres, considerada la segunda ciudad más antigua de Argentina. Fundada en 1558, conserva un enorme valor histórico y es la puerta de entrada a uno de los sitios arqueológicos más importantes del país.

Muy cerca se encuentra El Shincal de Quimivil, el principal centro administrativo que tuvo el Imperio Inca en el actual territorio argentino. Sus plazas ceremoniales, senderos y construcciones de piedra permiten comprender la magnitud de la presencia incaica en la región.

La Ruta Nacional 40 regala además algunos de los paisajes más espectaculares de Catamarca. El recorrido entre Belén, Hualfín, Villa Vil y Santa María atraviesa montañas rojizas, quebradas, campos de nogales y pequeños pueblos que parecen detenidos en el tiempo.

Para quienes buscan naturaleza en estado puro, la Reserva de Biosfera Laguna Blanca es una excursión inolvidable. Allí pueden observarse vicuñas en libertad, flamencos y algunos de los paisajes de altura más impactantes de la puna argentina.

Hualfín merece una visita especial. Sus antiguas casonas, su historia, sus tradiciones rurales y el imponente marco natural del valle lo convierten en uno de los pueblos más encantadores del oeste catamarqueño. Además, es la puerta de entrada a una de las regiones vitivinícolas emergentes más interesantes del norte argentino, donde se encuentran algunos de los viñedos de mayor altura del país.

Entre las experiencias más recomendadas aparece la visita a la Bodega Federico Mena Saravia, ubicada a casi 1.900 metros sobre el nivel del mar. Los visitantes pueden recorrer viñedos centenarios, participar de visitas guiadas, degustar vinos de altura elaborados con variedades tradicionales y criollas, almorzar rodeados de montañas y pasar una tarde disfrutando de algunos de los paisajes más bellos de la Ruta 40. La combinación de historia familiar, patrimonio vitivinícola y entorno natural convierte a la experiencia en una de las más destacadas de Catamarca.

El recorrido puede finalizar en las Termas de Villa Vil, un oasis de tranquilidad en plena montaña. Sus aguas termales naturales y el entorno serrano ofrecen el cierre perfecto para descubrir una región que combina arqueología, historia, cultura, vinos y naturaleza como pocos lugares de la Argentina. Belén y sus alrededores son, sin dudas, uno de los secretos mejor guardados del norte argentino.