SALTA.- (Por Renato Ocampo) El gobernador Gustavo Sáenz encabezó la entrega de 48 nuevos departamentos en Rosario de la Frontera, un complejo habitacional que originalmente contaba con financiamiento nacional pero que fue paralizado por la actual gestión libertaria cuando registraba un avance del 70%. Por ello, la provincia decidió reactivar y finalizar la obra con fondos propios para cumplir con familias que, en algunos casos, esperaban su techo propio desde hace décadas.
En un escenario político marcado por la parálisis de la obra pública nacional, el gobernador Gustavo Sáenz ha optado por un discurso que oscila entre la resignación institucional y una marcada confrontación dialéctica con el centralismo porteño. Con un tono que busca posicionarse por encima de la «grieta» tradicional, pero que no escatima en dardos hacia la gestión de Javier Milei, el mandatario salteño aprovechó su reciente paso por Rosario de la Frontera para dejar definiciones que suenan a balance y, tal vez, a una temprana reflexión sobre su legado.
Sáenz no ocultó su malestar con la visión económica que impera en la Casa Rosada. Al referirse al freno de las obras, lanzó: “No se hace más obra pública, no se hace más vivienda. Es una decisión política, la gente acompañó el voto, se respeta, pero nosotros no íbamos a dejar”. Esta frase desnuda la tensión de un gobernador que, aunque dice respetar el mandato popular nacional, cuestiona la deshumanización de los números: “Lo que tenemos la responsabilidad de gobernar y tomar decisiones todos los días, la tarea es mucho más dura y mucho más ingrata”.
La histórica disputa entre el «norte profundo» y la capital volvió a ser el eje de su retórica federalista. Dirigiéndose directamente a los habitantes de Buenos Aires, Sáenz sentenció: “¿Qué es lo que le digo a los porteños? Ustedes no saben lo que es una ruta de 2 carriles y que no tenga iluminación. Ustedes están acostumbrados a los 4 carriles, iluminación, cartelitos de colores. No, vengan acá, vengan al norte profundo de la patria… y van a ver la diferencia que hay entre ustedes y nosotros”. Bajo su óptica, el país federal sigue siendo una deuda pendiente, insistiendo en que “las oportunidades tienen que ser las mismas, independientemente del lugar donde haya nacido”.
En lo que respecta a la interna política y su propia sucesión, Sáenz intentó mostrarse despojado de egos, aunque sus palabras también pueden leerse como un mensaje a quienes aspiran a su sillón. “Yo no quiero irme y que el que venga sea peor. Yo quiero irme y que el que venga sea 40 veces mejor que yo, porque amo Salta”. Asimismo, criticó con dureza a la oposición local: “No me gustan los que están constantemente especulando y esperando que les vaya mal para volver… si ya tuvieron su oportunidad”.
Para el gobernador, la política actual sufre de “mezquindades, rivalidades y egoísmo”, oponiendo a ello una supuesta «grandeza» de reconocer errores, una lección que extendió incluso a la figura presidencial: “Tengan la grandeza suficiente y la humildad de decir, me equivoqué… no somos todopoderosos”.
Si bien es casi nula la cantidad de veces que se ha escuchado al gobernador reconocer errores propios en su gestión, hizo un llamado a la autocrítica de la dirigencia: “El día que entendamos todos los que ocupamos un lugar en la función pública que nos vamos a equivocar, desde el presidente hasta el último de los concejales, tendremos la obligación de enmendarlo; eso no es mostrar debilidad, es mostrar humanidad, humildad y grandeza».