SALTA.- (Por Renato Ocampo) En una jornada sombría para la institucionalidad de San Lorenzo, el sobrino e hijo de dos condenados por corrupción asumió hoy su banca en el Concejo Deliberante. El edil Juan Pablo Dávalos arremetió contra la perpetuación del «clan» familiar, denunciando una maniobra política que burla la voluntad del electorado y degrada el sistema democrático local.
Hoy, martes 2 de junio de 2026, el municipio de San Lorenzo es testigo de un hecho que desafía cualquier principio ético en la función pública. Tras el polémico fallo del Tribunal Electoral de Salta, que rechazó el planteo de paridad de género impulsado por el cuerpo legislativo, Lucas Francisco Gonza asumió oficialmente como concejal. Su llegada no es fruto de una carrera política propia, sino el último eslabón de una cadena de poder familiar que se resiste a soltar la caja del Estado, incluso después de que la Justicia condenara a sus máximos referentes por corrupción.
El concejal Juan Pablo Dávalos, en diálogo con EL INTRA, no ocultó su indignación ante este desembarco que califica de «lamentable». En declaraciones contundentes, Dávalos desnudó la realidad detrás del apellido que domina la villa veraniega: “La gente no votó un Lucas Gonza, si bien estaba en la lista, nadie lo sabía. Por eso la sorpresa de ‘ojo, mirá con quién nos encontramos, con el sobrino e hijo de Gonza’”. Para el edil, la asunción de hoy es un golpe al sistema: “Al Concejo, en definitiva, yo entiendo que le hace mal porque, obviamente, es hijo y sobrino de dos condenados”.
Un clan que sobrevive a las condenas
La estructura del clan Gonza parece blindada contra los fallos judiciales. El tío del nuevo concejal, Ernesto Fernando “Kila” Gonza (exintendente), purga actualmente una condena de prisión efectiva e inhabilitación perpetua por hechos de corrupción. Por su parte, el padre de Lucas, Aldo Dalmiro Gonza, fue recientemente excluido del Concejo tras recibir una pena de tres años de prisión condicional por peculado.
Dávalos fue tajante al describir al nuevo integrante del cuerpo: “Es un chico que tengo entendido que solo vivió de los frutos de la política, los legales y los no legales también; vivió de esos frutos, los conoce y los disfrutó”. La falta de trayectoria política de Lucas es, para Dávalos, la prueba de que se trata de un simple reemplazo dinástico: “La gente no lo conoce como político, quizá la gente lo debe conocer más como ‘el hijo de’ o ‘el sobrino de’”.
Maniobras y falta de ética
La llegada de Lucas Gonza a la banca que dejó vacante el «Kila» solo fue posible gracias a la renuncia estratégica de Daniela Alejandra Yavi Mas, quien seguía en orden de lista. Esta maniobra, que Dávalos y otros sectores interpretan como un movimiento calculado para garantizar la continuidad del apellido en el poder, debilita el sentido de representación democrática.
“La gente no votó un Lucas Gonza, votó un Kila Gonza, un Aldo Gonza… estos dos representantes de su sector vienen justo, da la casualidad que son su papá y su tío”, ironizó Dávalos. El concejal también cuestionó la moralidad de los líderes del clan al exponer al joven al escarnio público: “Yo como papá no expondría a mi hijo en esta situación para que todo Salta me conozca, los hubiera preservado… pero bueno, en estas personas no esperemos muchos escrúpulos tampoco”.
Un futuro incierto para el Concejo
Con la asunción consumada este martes, el panorama en el Concejo Deliberante se vuelve hostil. Dávalos anticipa una gestión basada en el conflicto y no en el bienestar de los vecinos de San Lorenzo: “Espero esté a la altura y seguramente va a venir con un espíritu de tirar bombas por todos lados, echarle la culpa a todo el mundo porque su papá y su tío fueron condenados”.
A pesar del rechazo social y los intentos institucionales por frenar este atropello, basados en el incumplimiento del cupo femenino que el Tribunal Electoral finalmente desestimó, el apellido Gonza sigue vigente. Como concluyó amargamente Dávalos: “La junta electoral permitió esto… son las normas que se pueden hacer, así que lamentablemente pasa esto, es lamentable, pero así es”. San Lorenzo asiste hoy a la perpetuación de una casta que, a pesar de las condenas, sigue encontrando atajos para aferrarse al poder.