En el corazón del oeste de Catamarca, donde los paisajes áridos se mezclan con montañas, ríos y termas naturales, existe una propuesta que cada vez atrae a más viajeros. A apenas 20 minutos de las Termas de Villa Vil se encuentra la Bodega Federico Mena Saravia, un establecimiento vitivinícola que combina historia, vinos de altura y experiencias gastronómicas en pleno Alto Valle de Hualfín.
Las Termas de Villa Vil son uno de los secretos mejor guardados de la región. Sus aguas termales emergen de manera natural y ofrecen un espacio ideal para descansar después de recorrer algunos de los atractivos más importantes del departamento Belén. Sin embargo, muchos visitantes descubren que muy cerca existe otro destino capaz de completar una jornada inolvidable.
Ubicada sobre la Ruta Nacional 40, la Bodega Federico Mena Saravia se levanta a casi 1.900 metros sobre el nivel del mar, en una de las zonas vitivinícolas más altas de la Argentina. Allí se elaboran vinos que reflejan las condiciones únicas del clima de montaña, con grandes amplitudes térmicas y una marcada identidad territorial.
La historia del lugar también constituye uno de sus principales atractivos. Los viñedos tienen sus raíces en plantaciones realizadas en la década de 1930 y forman parte de una finca vinculada a generaciones de familias que habitaron el valle desde tiempos coloniales. Esa combinación entre tradición y modernidad se percibe tanto en los viñedos como en la bodega.
Quienes visitan el establecimiento pueden recorrer las plantaciones, conocer el proceso de elaboración de los vinos y participar de degustaciones guiadas que incluyen algunas de las etiquetas más reconocidas de la casa. La experiencia suele complementarse con propuestas gastronómicas elaboradas con productos regionales.
El entorno también juega un papel fundamental. Desde la finca se observan los cerros que rodean Hualfín, mientras que la tranquilidad del paisaje permite disfrutar del ritmo pausado característico del interior catamarqueño. Para muchos turistas, la visita se convierte en una de las sorpresas más agradables del viaje.
La cercanía con Villa Vil permite combinar ambas experiencias en una misma jornada. Por la mañana, un baño termal o una recorrida por los alrededores del pueblo; al mediodía, un almuerzo entre viñedos; y por la tarde, una degustación de vinos de altura con vistas al valle en la Bodega Federico Mena Saravia.
En una región conocida por atractivos como el Campo de Piedra Pómez, la Ruta 40 y los paisajes de la puna catamarqueña, la bodega se consolida como una parada obligada para quienes buscan descubrir otra cara de Catamarca: la de los grandes vinos, la historia familiar y la hospitalidad del Alto Valle de Hualfín.