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Salta

La degradación parlamentaria en Salta: un diputado homenajeó al Indio Solari con una carta falsa

El travestismo cultural del diputado Dantur que es síntoma de época.

Gustavo Dantur

Hay una degradación silenciosa de la vida pública que no se mide en el déficit fiscal ni en las metas del Fondo Monetario Internacional, sino en la calidad de la conversación de quienes dictan las leyes. El escenario es la Legislatura de Salta, un territorio que los martes abandona cualquier pretensión de debate republicano para entregarse al grotesco de la «hora de los homenajes». Y el protagonista es el diputado por Metán, Gustavo Dantur.

Fue allí, en ese microclima blindado al mérito, donde este dirigente con una concepción tan patrimonial del poder que consideró natural legarle la intendencia de su municipio a su propia hija antes de mudar su humanidad a una banca provincial, decidió ejecutar un acto de travestismo cultural que excede el mero ridículo para transformarse en un síntoma de época.

Un travestismo cultural que es síntoma de época

Dantur subió al estrado con la laringe encendida y esa gravedad impostada de los caudillejos que confunden los decibeles con la autoridad moral. El motivo aparente era noble: despedir a Carlos Alberto «El Indio» Solari, una figura central de la mitología popular que acaba de ingresar a la inmortalidad. El problema real, la verdadera estafa intelectual, radica en el método del exégeta. Con una fe ciega en los sumideros de los algoritmos, el legislador le leyó a sus pares un texto apócrifo que circula febrilmente por las redes sociales bajo el título de “La última carta”.

Cualquier oído medianamente entrenado en la sofisticada y críptica poética de Patricio Rey detecta a los dos segundos la ramplonería de un manifiesto que Solari jamás escribió. Pero Dantur no buscaba la verdad en la obra del artista; buscaba el impacto rápido en el universo del clickbait, validando como doctrina parlamentaria una falsedad digital con supuesta «ideología con olor a pueblo».

Esta abdicación absoluta del rigor expone la patología de una dirigencia que ya no lee libros, sino pantallas, y que traslada el menú masticado de su teléfono celular directamente al diario de sesiones. El texto leído por Dantur es un catálogo previsible de lugares comunes sobre la recesión y el ajuste, una literatura lúgubre de brocha gorda que describe heladeras vacías y hospitales apagados con la profundidad analítica de un grafiti de comité.

Lo trágico no es la existencia del panfleto anónimo, sino que un representante del pueblo confunda esa prosa previsible con el arte de uno de los letristas más complejos del rock en español. Sobre el final, la carta apócrifa lanza una advertencia involuntariamente perfecta: sostiene que cuando se normaliza el derrumbe, el monstruo deja de gobernar desde arriba y empieza a vivir adentro de todos.

El aviso que el diputado Dantur debería escuchar

Habría que avisarle al diputado Dantur que el monstruo también se alimenta de la degradación institucional que él mismo ejecuta cuando confunde el oportunismo con la cultura, y la herencia familiar con la representación política.