SALTA – Mientras los flashes de la política nacional apuntaban al Salón Blanco de la Casa Rosada para la asunción de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete, la silla destinada a Gustavo Sáenz quedó vacía. El salteño prefirió cambiar el frío protocolo porteño por el barro de la política territorial. En un movimiento puramente estratégico, el mandamás provincial decidió plantar la foto con el gabinete libertario para recluirse en la Asamblea General Ordinaria del Foro de Intendentes de Salta (FIPSA). El objetivo real detrás de la maniobra fue alinear a la tropa municipal y poner el motor en marcha para el ya no tan lejano 2027.
Sáenz no llegó solo al encuentro. Desembarcó flanqueado por su hombre de confianza y jefe de Gabinete, Sergio Camacho, secundado por su elástico equipo de comunicación. Sin embargo, en los pasillos de la asamblea el murmullo corrió rápido por una ausencia de peso: la de su ministro político, Ignacio Jarsún. Lejos del Foro, a Jarsún se lo vio en simultáneo metido en la rosca de la Cámara de Diputados, a los abrazos con legisladores oficialistas, repartiendo saludos banca por banca y hasta posando para las selfies de rigor, en un desdoblamiento táctico que despertó suspicacias en el micromundo del Grand Bourg.
Sonrisas, codazos y el «operativo cercanía»
El Gobernador iba obsesionado con una sola cosa: la foto de unidad. Y los intendentes, que huelen el poder a kilómetros, entendieron perfectamente el código. A la hora de los flashes, las sonrisas impostadas convivieron con un sutil pero feroz juego de codazos para ver quién lograba quedar más pegado al calor del líder.
Los grandes ganadores del «operativo cercanía» fueron Ketty Rosso, intendenta de General Güemes, y Franquito Hernández, jefe comunal de Tartagal. Ambos, tomados del brazo, lograron abroquelarse muy pegados a Sáenz, cotizando en alza en las acciones del afectómetro oficial. El encuentro sirvió también para blindar la conducción del Foro, ratificando a Marcelo Moisés, de Apolinario Saravia, como presidente y a Efraín Orosco, de El Carril, como vicepresidente primero.
La ausencia que ensordeció a todos fue la del intendente de la Capital, Emiliano Durand. En las mesas de café político se barajaban diversas hipótesis sobre su faltazo. Por un lado, se hablaba de una fuerte interna y de que no habría sido invitado debido a rispideces acumuladas con otros jefes comunales del interior. Por otro lado, cobró fuerza la versión de un distanciamiento real con el Gobernador, razón por la cual Durand habría preferido evitar una foto de sumisión. Finalmente, la teoría más irónica de la tarde aseguraba que el evento coincidió milimétricamente con su horario de gimnasio, ya que en Salta se sabe que el intendente capitalino no posterga sus clases de cardio por ninguna rosca política.
Trinchera federal y equilibrio en la crisis
Al momento de tomar el micrófono, Sáenz desplegó su manual más eficiente: el del federalismo de trinchera. Defendió con uñas y dientes la administración financiera de la provincia y subió el tono contra la motosierra de la Casa Rosada. Frente a los mandatarios locales, destacó el trabajo conjunto para afrontar el complejo escenario económico y aseguró que son un equipo que enfrenta momentos muy difíciles desde la unidad.
El Gobernador sacó pecho por haber mantenido las cuentas en equilibrio y la asistencia social al día a pesar de la deuda heredada, lanzando el dardo más duro hacia el puerto al afirmar que existen dos Argentinas, una que lo tiene todo y otra a la que le falta mucho, concluyendo que desde Buenos Aires muchas veces no se comprende la realidad del interior.
El mensaje también tuvo destinatarios con nombre y apellido en el Congreso de la Nación. El mandatario provincial exigió a los diputados y senadores salteños que dejen las tibiezas y activen el lobby en Buenos Aires, pidiéndoles que acompañen firmemente la lucha de la provincia «porque la gente siempre está primero».
Para el cierre, ensayó la clásica finta de desmarcarse de las urnas mientras, en los hechos, ordenaba el territorio para los próximos años. Sáenz aseguró que no hay tiempo para pensar en los comicios porque la gestión está concentrada en resolver los problemas de salud, educación, seguridad y en asistir a la gente que no llega a fin de mes. Sin embargo, aunque la campaña no figure en los papeles de la gestión, en la tarde de FIPSA quedó claro que el camino hacia el 2027 ya se empezó a transitar.