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Salta

Emiliano Durand llegó tarde al acto de Seguridad y la tensión con Gustavo Sáenz marcó la jornada: ¿Se rompió la alianza?

En medio de la asunción de las nuevas autoridades del Ministerio de Seguridad, el Intendente de la Capital protagonizó un desplante que no pasó desapercibido. Entre llegadas tarde, silencios mediáticos y un cruce final cargado de reproches, el vínculo político entre el Grand Bourg y el CCM parece pender de un hilo.

Gustavo Sáenz

La seguridad en Salta no espera, pero el intendente Emiliano Durand parece tener otros tiempos. En un acto cargado de simbolismo político, donde el gobernador Gustavo Sáenz buscaba renovar los bríos de una de sus áreas más sensibles, rodeado de toda la cúpula oficialista, hubo señales a tener en cuenta con respecto a la actitud del jefe comunal capitalino.

Su llegada, visiblemente demorada, obligó a una logística de último momento para ubicarlo entre las autoridades mientras el protocolo ya estaba en marcha. No fue solo un retraso; fue un mensaje gestual que resonó en todo el Salón de Convenciones.

El discurso de Sáenz fue claro y, leído bajo la lupa del análisis político, pareció contener mensajes teledirigidos a la incómoda figura de Durand. El Gobernador subrayó que la seguridad es una “política de estado, es un reclamo permanente, y es un desafío también permanente”. Sin embargo, mientras el mandatario hablaba de “compromiso y responsabilidad”, al Intendente se lo veía enajenado, con una incomodidad manifiesta que sugería que su presencia allí era un mero trámite de compromiso institucional más que una convicción política.

La brecha entre el «trabajo mancomunado» y la realidad gestual de Sáenz y Durand

Durante su alocución, Gustavo Sáenz hizo un llamado directo a la unidad: “A seguir trabajando de manera mancomunada con todos y cada uno de los municipios, de manera federal, como lo venimos haciendo. Y acá el equipo es el mismo, seguimos trabajando, intendente de Salta también, ahí lo tenemos también que trabajamos de manera conjunta”.

La mención específica a Durand, casi como necesitando confirmar su presencia en el lugar tras su tardía aparición, subrayó la necesidad de un trabajo articulado que, en la práctica, parece estar crujiendo. El Jefe de Gabinete municipal, Juan Chalabe, también se hizo presente para acompañar a Emiliano a digerir ese tramite político.

La incomodidad de Emiliano Durand habría sido el tema de conversación en los pasillos. Fiel a su estilo de evitar el contacto directo con la prensa tradicional el Intendente se llamó a silencio. No dio declaraciones a ningún medio de comunicación, reforzando su perfil de «autocomunicador»: prefiere siempre grabarse a sí mismo para sus redes sociales, un refugio digital donde no existen los cuestionamientos sobre la gestión.

Un cierre con sabor a reclamo: ¿Final anunciado?

El punto de máxima tensión se vivió al finalizar el acto. Lo que debería haber sido un saludo protocolar de despedida se transformó en un cruce de palabras que dejó atónitos a los presentes. Se vio a un Emiliano Durand visiblemente molesto, gesticulando y reclamando alguna situación al mandatario provincial. La imagen del Intendente «plantado» frente a Sáenz, con un tono que distaba mucho de la cordialidad que el Gobernador intentó imprimir en su discurso, instala una duda razonable sobre la estabilidad de este vínculo político.

Mientras Sáenz destacaba que el éxito de los nuevos funcionarios es vital porque “de eso dependerá también la seguridad de todos y cada uno de los salteños”, y enfatizaba el valor de trabajar “sin horarios, como debe ser, al servicio de la comunidad”, la actitud de Durand parecía la antítesis de ese «sacrificio y esfuerzo» que el Gobernador elogió en su equipo.

El contraste fue absoluto. Por un lado, un Gobernador que pide “estar trabajando juntos” porque “se vienen momentos difíciles”. Por el otro, un Intendente que llega tarde, se muestra hostil y se retira entre reproches. En la política salteña, los gestos suelen ser más elocuentes que las palabras, y lo visto hoy en el acto de Seguridad sugiere que el «equipo» al que alude Sáenz podría estar sufriendo una baja de peso en la Capital.

La pregunta que recorre el Gobierno y el Municipio es una sola: ¿Cuánto más puede sostenerse una relación donde el reclamo público reemplaza a la gestión conjunta?