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Salta

¿Por qué el «locro libertario» es un mensaje que el oficialismo no debe ignorar?

En la bautizada «Casa de la Libertad», el oficialismo nacional ensayó un ejercicio de cohesión bajo el humo de dos fogatas

La Libertad Avanza

SALTA – El 9 de julio, en Salta, La Libertad Avanza decidió que la mejor manera de conmemorar la independencia no era a través del bronce ni de la reflexión histórica, sino de la puesta en escena de su propia tribu. En la bautizada «Casa de la Libertad», el oficialismo nacional ensayó un ejercicio de cohesión bajo el humo de dos fogatas, un locro servido en bandejas de plástico y la recurrente necesidad de exhibir musculatura ante la mirada vigilante de un oficialismo provincial que, entre despachos y protocolos, observa con envidia –y algo de temor– esa capacidad alquímica de fidelizar a la juventud.

La liturgia fue, ante todo, estética. El poncho salteño, símbolo de una tradición que el discurso libertario suele mirar con desdén cuando se trata de la política tradicional, aquí funcionó como el ropaje necesario para barnizar de identidad local una movida que, en el fondo, sigue buscando su propia narrativa. La escena tenía, por momentos, el aire de una kermesse donde la política se licúa en la coreografía de redes sociales.

La senadora Emilia Orozco se erigió, bajo el abrigo de la bandera, como la directora de orquesta. Es la figura que, para LLA, encarna la síntesis entre la frescura mediática y la estructura institucional. A su lado, la dinámica de fuerzas se movió en un tablero de sutiles equilibrios. Agustina Álvarez desplegó su propia coreografía: la política convertida en storytelling. Su paso por el predio no buscaba la profundidad del debate, sino el material bruto para el algoritmo. Con su community manager como sombra, cada abrazo y cada palmada fueron, en esencia, insumos para una campaña permanente que no descansa ni siquiera bajo el frío del invierno salteño.

Por su parte, Laura Jorge Saravia, con el pragmatismo propio de quien entiende la arquitectura del poder, se convirtió en el engranaje organizativo de este espacio libertario. En el evento, fue ella quien asumió la tarea telúrica de meter los porotos a la olla, una faena que, en la liturgia libertaria, fue celebrada con aplausos y fervor, casi como un acto de redención culinaria.

Mientras tanto, en las sombras de la hoguera, el diputado Franco Lastra y el senador Gonzalo Guzmán protagonizaban una estampa curiosa: el intento de sintonizar el cancionero popular con el ideario libertario. Un ejercicio de traducción cultural que, aunque forzado, revela la intención del espacio de ocupar el terreno que otros descuidaron.

Las ausencias y la orfandad de discurso

Llamó la atención la ausencia de los «pesos pesados» de la vieja guardia: Carlos Zapata, Julio Moreno y Alfredo Olmedo. La excusa oficial fue el frío, pero en el micromundo político salteño la lectura es otra: el evento fue una demarcación de territorio de la «nueva guardia». Fue un encuentro de juventud, sí, pero también un mensaje hacia adentro. La política libertaria en Salta se está desprendiendo de sus tutores originales para buscar una identidad propia, una suerte de «liberalismo criollo» que prescinde del discurso académico de Milei para abrazar el bombo, la zamba y la liturgia del locro.

Lo más notable, sin embargo, no fue lo que se dijo, sino lo que no se escuchó. Entre el repiqueteo de los parches y las consignas de ocasión, no hubo espacio para el balance ni para la memoria histórica. El 9 de julio fue solo una excusa para el rito. No hubo discurso evocativo, ni tampoco una definición política que permitiera atisbar el norte de la gestión o el rumbo del espacio frente a las turbulencias nacionales.

El mensaje al poder local

Más allá de la anécdota, el evento arrojó una conclusión para el análisis: mientras el gobierno provincial se enreda en la burocracia y la gestión, La Libertad Avanza mantiene una ventaja competitiva en el terreno de la identidad y la pertenencia. Logran lo que hoy es el activo más escaso de la política: movilizar.

Puede que no sean muchos, y puede que la profundidad del debate sea inversamente proporcional a la intensidad de sus posteos, pero el oficialismo provincial debería prestar atención. En la política, a veces, un locro bien servido y una buena puesta en escena en redes valen más que obligar a empleados públicos a cambiar la foto de perfil en Whatsapp. LLA entendió que, para ser poder, no basta con los votos; hace falta crear un hogar, o al menos, una casa de la libertad donde la tropa se sienta, aunque sea por un rato, parte de algo más grande.