SALTA – El inicio del ciclo lectivo terminó por colapsar el sector del Mercado San Miguel. Según manifestaron los frentistas, el incumplimiento sistemático de los horarios de carga y descarga de mercadería genera embotellamientos, lo que dificulta la circulación peatonal y vehicular en un área neurálgica de la ciudad.
Este traslado responde a la necesidad de avanzar con la etapa final de las obras, que incluye la demolición del sector ubicado sobre calle Florida. Durante la ejecución de los trabajos, el edificio central permanecerá completamente cerrado al público. Sin embargo, el clima entre los puesteros dista mucho de ser el ideal. A casi dos años del devastador incendio del 6 de noviembre de 2024, las críticas por el ritmo de los trabajos se multiplican.
Mientras el jefe de Gabinete municipal, Juan Manuel Chalabe, aseguró públicamente que la obra registra un 70% de avance, la comunidad mercantil pone en duda las cifras oficiales. Comerciantes del predio señalaron que las imágenes difundidas por el propio funcionario municipal solo muestran el levantamiento de un galpón metálico, correspondiente apenas a la primera etapa de la reconstrucción.
El punto más álgido del reclamo gira en torno al diseño arquitectónico y el valor patrimonial del lugar. La narrativa oficial sostiene que las obras se ejecutan «preservando la identidad, la historia y la esencia que distinguen al Mercado San Miguel como uno de los principales centros comerciales de Salta».
No obstante, los puesteros refutan esa versión y aseguran que la estructura que se está levantando no guarda relación con la arquitectura original ni con el estándar de los grandes mercados turísticos del mundo, caracterizados por la preservación de su valor histórico y patrimonial.
«Nos vendieron una reconstrucción que respetaría la historia del mercado, pero en los hechos estamos viendo la construcción de un galpón», señalaron vecinos indignados.
Entre el colapso vial cotidiano, la desaceleración percibida en las obras y el debate patrimonial, la gestión municipal enfrenta una creciente presión para dar respuestas concretas tanto a los vecinos del centro como a los trabajadores que aguardan volver a su espacio tradicional.