Connect with us

Hola, ¿qué estás buscando?

Elintra.com.arElintra.com.ar

Información General

Ricardo Federico Mena-Martínez Castro presentó Los hechizos de Shaitán y otros relatos en Salta

Durante casi dos horas, la literatura ocupó el escenario del Teatro Provincial y recordó que todavía existen autores capaces de escribir sin pedir permiso a las modas.

Ricardo Federico Mena
Foto: Juana Mena Saravia

(SALTA).- (Por Federico Mena Saravia) El interés se hizo evidente en la Casa de la cultura en Salta.No quedaba demasiado espacio libre. Había escritores, jueces, académicos, músicos, artistas, amigos de toda una vida y lectores de esos que todavía creen que un libro puede cambiar una conversación, una memoria o incluso una ciudad.

Ricardo Federico Mena-Martínez Castro presentó Los hechizos de Shaitán y otros relatos. Pero decir que presentó un libro sería quedarse en la superficie. Lo que ocurrió fue otra cosa. Durante casi dos horas la literatura ocupó el escenario y recordó que todavía existen autores capaces de escribir sin pedir permiso a las modas.

El título ya anticipa que no se trata de una colección de relatos complacientes. Shaitán proviene del árabe Shayṭān y significa “diablo”, “el tentador”. No es el demonio de los catecismos. Es el de las dudas, los deseos, las obsesiones y esas pequeñas tentaciones que vuelven interesante la condición humana. Ricardo Mena-Martínez Castro lo convierte en una metáfora elegante para hablar de aquello que todos llevamos adentro y casi nunca confesamos.

Los cuentos viajan por un territorio donde la historia, las leyendas populares, la memoria familiar y la imaginación conviven con absoluta naturalidad. El norte argentino aparece sin folclorismos de postal. Es un escenario vivo, lleno de personajes que parecen caminar entre el pasado y el presente sin preocuparse demasiado por explicar cómo llegaron hasta allí.

Foto: Juana Mena Saravia

La presentación reunió a buena parte del mundo cultural salteño. Fue auspiciada por la Bodega Federico Mena Saravia, del Alto Valle de Hualfín, cuyos vinos Viña Centenaria y Ana Vallejo acompañaron una noche en la que literatura y vino parecieron hablar el mismo idioma: el de las historias que necesitan tiempo para revelar todo lo que contienen.

El primero en tomar la palabra fue Abel Cornejo Castellano, exjuez, escritor y amigo del autor. No hizo una exposición académica. Habló con admiración y con afecto. Dijo que muy pocos escritores consiguen reconstruir con semejante profundidad la historia del norte argentino y confesó que espera, casi con ansiedad de lector, que Ricardo vuelva a ese universo en un próximo libro. Terminó recordando una anécdota personal de un amigo en común ya fallecido, Josué Escudero, que provocó sonrisas y uno de los aplausos más cálidos de la noche.

Y Después llegó Liliana Bellone. La reconocida escritora y académica ubicó Los hechizos de Shaitán y otros relatos dentro de la gran tradición de la narrativa histórica latinoamericana. Explicó que el libro dialoga con algunos de los grandes autores argentinos, pero que nunca cae en la imitación. Para Bellone, estos relatos utilizan la historia como punto de partida para hablar de la memoria, de los fantasmas personales y de esa identidad cultural que muchas veces sólo la literatura consigue preservar.

La filósofa y escritora Lila José eligió otro camino. Más íntimo. Más estético. Dijo que el verdadero hechizo del libro no estaba en Shaitán sino en el lenguaje. Destacó una prosa de notable intensidad poética, el rigor con que el autor trabaja cada palabra y la construcción de un universo simbólico donde la imaginación nunca rompe el pacto con la historia.

Foto: Juana Mena Saravia

Entonces habló el protagonista

Ricardo Federico Mena-Martínez Castro no eligió un discurso solemne. Prefirió la gratitud. A todos sus hijos y a su mujer Teresa Saravia Leguizamón. Agradeció a sus amigos, a quienes lo acompañaron silenciosamente en el largo proceso de escritura y confesó que este libro nació como una reflexión sobre el amor, la memoria, el deseo y esa obstinación humana por conservar aquello que el tiempo insiste en borrar.

Quizá ahí esté el verdadero sentido de escribir, hacerlo para impedir que el olvido termine creyéndose dueño de la historia.

La noche terminó con un cierre musical de Laura Serrano y Marcelo Mena, quienes interpretaron composiciones escritas por el propio autor. Fue un final apropiado.

Foto: Juana Mena Saravia

Ricardo Federico Mena-Martínez Castro no es un recién llegado. Su novela La Casa Blanca de Anguinán obtuvo el Premio Novela del Concurso Literario Provincial en el año 2000 que le otorgó el mérito artístico de la Provincia de Salta. Publicó además la investigación Historia genealógica de los propietarios del valle de Hualfín en Catamarca, incorporada por la Revista de Estudios Históricos y Genealógicos de Buenos Aires, integró las recopilaciones Poetas salteños en el Congreso Nacional y Cuatro Siglos de Literatura Salteña, obtuvo junto al compositor Roberto Juri dos premios nacionales en canción folklórica inédita y fue distinguido en Buenos Aires por su relato La conversación de las momias.

Todo eso explica una trayectoria. Pero no explica un escritor.

Los escritores no se explican por el currículum. Se explican por las historias que siguen habitando en la cabeza del lector cuando el libro ya está cerrado.

Y esa, probablemente, sea la forma más elegante de la inmortalidad de mi papá.