SALTA.- (Por Renato Ocampo) El Foro de Observación de la Calidad Institucional de Salta (FOCIS) impugnó las designaciones de Gustavo Ferraris y Miguel Nanni en la Auditoría General de la Provincia. El Dr. García Vidal denunció la falta de idoneidad técnica de los elegidos, la violación de los límites constitucionales a la reelección y el desprestigio de un organismo que hoy funciona como un refugio de la política sin autoridad moral.
La institucionalidad en Salta atraviesa uno de sus momentos más críticos tras la jura de los nuevos integrantes de la Auditoría General de la Provincia (AGP). A pesar de las impugnaciones presentadas por el FOCIS, la Legislatura provincial ratificó la continuidad de Gustavo Ferraris y la incorporación de Miguel Nanni, ex diputado nacional. Para el Dr. Luis García Vidal, miembro destacado del foro, estos nombramientos no son más que un síntoma de un sistema «desaprensivo» que prioriza los acuerdos políticos sobre la capacidad técnica y la ética básica.
Ferraris y el «pecado» de la reelección prohibida
Uno de los puntos más polémicos señalados por García Vidal es la permanencia de Gustavo Ferraris. Según el abogado, su designación ignora un mandato constitucional explícito: «La Constitución prohíbe la reelección» de los auditores, quienes deben cumplir un ciclo de 8 años sin posibilidad de repetir.
A pesar de los argumentos oficiales que sostienen que el primer mandato de Ferraris no debe contarse por haber iniciado antes de la reforma de 2021, García Vidal es tajante: «Ferraris no tiene a partir de ahora autoridad moral ni jurídica para firmar un dictamen de la envergadura de las cosas que trata la Auditoría». Para el referente del FOCIS, el organismo se encuentra «desprestigiado» por su actuación reciente, y este nombramiento solo profundiza la crisis de legitimidad.
Miguel Nanni: «Ir a aprender» con sueldos de privilegio
La crítica hacia la incorporación de Miguel Nanni no fue menos feroz. García Vidal cuestionó la falta de antecedentes del ex legislador en el análisis de sistemas financieros y patrimoniales, requisitos que considera esenciales para controlar el mecanismo económico del Estado.
«No se puede ir a aprender a la Auditoría, tiene que ir una persona formada», disparó Vidal. Además, sentenció que el rol de Nanni será meramente decorativo y costoso para el erario público: «Va a calentar el asiento y a cobrar un elevado salario de auditoría por 8 años. Esa es la realidad».
La designación de los nuevos auditores, lejos de traer alivio a un sistema bajo sospecha, parece haber sellado un pacto de impunidad. Con una Auditoría que «obra con una ligereza sorprendente», Salta se aleja de los estándares mínimos de control republicano, dejando en manos de «amigos» el destino de los fondos de todos los salteños.