SALTA.- (Por Renato Ocampo) Con un botín de casi 90 millones de pesos asegurado, la Municipalidad de Salta impone condiciones leoninas en la Feria del Milagro 2026. Sorteos azarosos, puestos periféricos al mismo precio y una gestión que parece priorizar el lucro sobre la fe y el trabajo de los salteños.
La gestión de Emiliano Durand ha convertido una de las manifestaciones de fe más profundas de Salta en un frío y lucrativo balance contable. Mientras miles de fieles se preparan para renovar su pacto de amor con el Señor y la Virgen del Milagro, el Municipio se relame con una recaudación que roza los 90 millones de pesos en apenas cinco días. La organización de la Feria del Milagro 2026 no es más que una muestra de la voracidad fiscal de un gobierno que, bajo el disfraz de la «ordenanza tributaria vigente», asfixia a los trabajadores independientes.
Las cifras son lapidarias. Con un cupo de 550 puestos habilitados en el Parque San Martín y un costo de $163.000 por cada uno, el cálculo arroja una suma astronómica: $89.650.000 entrarán a las arcas municipales en menos de una semana. Lo más escandaloso no es solo el monto, sino la metodología de cobro. Según confirmó el secretario de Espacios Públicos, Esteban Carral, el pago del puesto debe realizarse de manera obligatoria antes del sorteo de las ubicaciones. Esto significa que el feriante debe desembolsar una cifra significativa sin tener la más mínima garantía sobre el lugar que ocupará.
Aquí es donde estalla la histórica disconformidad de los trabajadores. La Municipalidad impone una tarifa plana de $163.000 para todos, ignorando una realidad comercial básica: no todos los sectores del Parque San Martín tienen el mismo flujo de gente. El sistema de «sorteo público», previsto para el 8 o 9 de septiembre, es en realidad una «lotería de la miseria». Mientras unos pocos afortunados obtendrán los puestos con mayor visibilidad, aquellos relegados a las ubicaciones periféricas o a las zonas más alejadas de las actividades centrales, pagando exactamente lo mismo, verán cómo sus ventas se desploman debido a la nula circulación.
Esta inequidad es el germen de conflictos permanentes entre los feriantes, quienes denuncian que la organización los condena a zonas muertas mientras el Intendente garantiza su «caja millonaria». A pesar de que la feria regresó al Parque San Martín supuestamente para mejorar las condiciones, la gestión de Durand sigue sin resolver el problema de fondo: la falta de una segmentación justa en los precios según la ubicación y el potencial de venta.
La presión es tal que, en menos de 24 horas, ya hay más de 450 anotados, empujados por la necesidad de trabajar en un contexto económico asfixiante. La Municipalidad se aprovecha de esta urgencia. Incluso se jactan de que la inscripción seguirá abierta hasta los 600 o 650 postulantes para luego realizar una «depuración», lo que no es otra cosa que mantener la incertidumbre hasta el último minuto sobre quiénes podrán llevar el pan a su casa.
La Feria del Milagro bajo el mando de Emiliano Durand ha perdido cualquier sentido de servicio a la comunidad para transformarse en un negocio redondo para el Municipio. Mientras el Intendente suma millones, los feriantes se ven obligados a jugar su capital en un sorteo injusto, donde el único que siempre gana es el Estado municipal. La fe de los salteños merece respeto, y el trabajo de los emprendedores, una gestión que no los vea simplemente como un número en una planilla de recaudación.