SALTA – La Provincia pone hoy en funcionamiento la segunda etapa de la nueva terminal del Aeropuerto Internacional Martín Miguel de Güemes. Con una inversión integral cercana a los US$100 millones y una ampliación de aproximadamente el 65%, la obra adquiere una dimensión estratégica en un momento marcado por el crecimiento del turismo, la minería y las exportaciones salteñas.
Salta pondrá hoy en servicio la segunda etapa de la nueva terminal del Aeropuerto Internacional Martín Miguel de Güemes, una obra que amplía significativamente la capacidad de una de las principales puertas de entrada a la provincia y que adquiere una relevancia que excede ampliamente al movimiento turístico.
El acto será encabezado por el gobernador Gustavo Sáenz, junto a autoridades del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA) y de Aeropuertos Argentina.
El proyecto integral contempla una inversión cercana a los US$100 millones y permitirá incrementar aproximadamente un 65% la superficie de la terminal. La modernización fue diseñada para ampliar la capacidad operativa del aeropuerto, facilitar una mayor cantidad de vuelos simultáneos y mejorar las condiciones para conexiones nacionales e internacionales.
Durante décadas, hablar del aeropuerto de Salta estuvo asociado principalmente al turismo. Y esa actividad continúa siendo determinante para la economía provincial. Sin embargo, el crecimiento productivo de los últimos años obliga a mirar la infraestructura aeroportuaria desde otra perspectiva.
La infraestructura como condición para crecer
La expansión minera convirtió a la conectividad en una cuestión estratégica. Las inversiones que llegan a la Puna movilizan empresarios, profesionales, técnicos especializados, proveedores y trabajadores que necesitan conexiones rápidas con Buenos Aires, otras provincias y centros económicos internacionales.
En ese escenario, un aeropuerto con mayor capacidad deja de ser solamente una infraestructura destinada a recibir turistas para convertirse también en una herramienta de competitividad económica. La obra coincide, además, con una discusión mucho más amplia sobre el papel de la infraestructura en el modelo de desarrollo argentino.
Mientras el Gobierno de Javier Milei busca reducir la participación del Estado nacional como principal financiador de obras y trasladar una porción creciente de esa responsabilidad al sector privado, las provincias enfrentan un desafío diferente: necesitan infraestructura para que las inversiones prometidas puedan efectivamente desarrollarse.
Para Sáenz, esa tensión se convirtió en uno de los principales argumentos de su relación con la Casa Rosada. El gobernador acompaña la llegada de capital privado y sostiene la necesidad de generar condiciones para la inversión, pero simultáneamente reclama que el equilibrio fiscal nacional no implique abandonar rutas, ferrocarriles y obras estratégicas para el Norte.
Salta tiene hoy recursos naturales demandados mundialmente y proyectos mineros capaces de generar miles de millones de dólares. Pero esa potencialidad necesita caminos, energía, ferrocarriles, conectividad aérea y pasos internacionales adecuados.
Por eso, el nuevo aeropuerto debe pensarse dentro de un mapa mucho más amplio.
La Ruta Nacional 51, el Belgrano Cargas, el Corredor Bioceánico, el Paso de Sico y la ampliación del Martín Miguel de Güemes forman parte, en definitiva, de una misma infraestructura destinada a conectar la producción salteña con Argentina y con el mundo.
La discusión adquiere especial importancia en momentos en que Nación avanza, por ejemplo, con la concesión por 50 años del Belgrano Cargas y redefine el modelo bajo el cual se financiarán las grandes obras.
Salta enfrenta entonces una oportunidad y, al mismo tiempo, un riesgo
La oportunidad es aprovechar el crecimiento de la minería, el turismo y las exportaciones para modificar su estructura económica. El riesgo es que ese proceso encuentre un límite precisamente allí donde históricamente el Norte mostró mayores desventajas: la distancia y los costos logísticos.
La inauguración de esta nueva etapa del aeropuerto constituye, en ese sentido, algo más que una ampliación edilicia. Forma parte de una discusión central sobre el futuro productivo provincial.
Porque atraer inversiones es solamente el primer paso. El desafío posterior es ofrecer las condiciones necesarias para que esas inversiones puedan crecer, generar empleo, desarrollar proveedores locales y conectarse competitivamente con los mercados. Y allí la infraestructura deja de ser un complemento del desarrollo para convertirse en una de sus condiciones fundamentales.