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La danza de Gustavo Sáenz con la motosierra nacional

El gobernador sostiene su alianza legislativa con Javier Milei mientras reclama fondos adeudados, enfrenta un deterioro fiscal y recibe críticas internas.

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(Salta) Por Diego Nofal.- El gobernador Gustavo Sáenz perfeccionó el arte de bailar al borde del abismo con la Casa Rosada mientras su sonrisa dialoguista se convierte en un gesto cada vez más forzado. El mandatario ofrece gobernabilidad al presidente libertario y brinda votos en el Congreso, pero reclama con urgencia los recursos que la Nación le adeuda a la provincia. Esta coreografía política genera una pregunta inevitable sobre la rentabilidad real de tanto gesto de buena voluntad hacia un gobierno que mira el mapa con un marcador rojo.

La deuda nacional con Salta por obras de infraestructura alcanza los 45.000 millones de pesos, una cifra que el gobernador menciona con la frecuencia de un mantra desesperado frente a sus ministros. El problema no es menor porque esa plata no aparece y las necesidades de la provincia siguen creciendo mientras el discurso oficial insiste en el ajuste como religión única. Los aliados de Sáenz consolidaron su dominio sobre el Partido Justicialista salteño y hasta extendieron su influencia hacia Jujuy, aunque un fallo judicial frenó ese avance territorial.

La estrategia de control partidario le permite al gobernador negociar con mayor peso político, pero la realidad fiscal de Salta no mejora con los cargos que acumula en su haber. El PJ salteño fue intervenido por el cristinismo a principios de 2025 con argumentos relacionados al apoyo de los legisladores salteños a los proyectos de Milei. Esa intervención fue luego desplazada por una jueza federal que designó un interventor vinculado al propio Sáenz, completando un círculo virtuoso para él pero estéril para las arcas.

Desde su propio espacio comenzaron a surgir críticas hacia la gestión nacional, con diputados que advierten que sin infraestructura vial no hay desarrollo agrícola ni minero posible. El diputado Pablo Outes puso en duda los resultados del vínculo Sáenz-Milei y sentenció que no habrá futuro si no mejoran las rutas y la educación. Este tipo de declaraciones revela que hasta los más cercanos al gobernador empiezan a preguntarse si el diálogo realmente beneficia a Salta o solo alimenta una ilusión.

El acuerdo firmado entre el secretario de Hacienda nacional y Sáenz para recibir un anticipo de hasta 259.000 millones parece más una curita que una solución de fondo para los problemas estructurales. Este adelanto de coparticipación, que se devolverá en cuatro cuotas mensuales con una tasa nominal anual del 15%, representa pedir plata propia y pagar intereses por ella. El especialista Martín Van Dam advirtió que la devolución automática generará un cuello de botella financiero en el segundo semestre del año calendario.

Sáenz insiste en que la gente no quiere discusiones ideológicas sino soluciones a sus problemas cotidianos, y en eso tiene razón absoluta. Pero el problema es que las soluciones siguen sin llegar mientras el gobernador sigue su danza con la motosierra nacional en cada reunión de gabinete. La pregunta que queda flotando en el aire salteño es si este baile diplomático terminará con un abrazo sincero o con un tropezón fatal.

El gobernador parece confiar en que su perfil bajo y su capacidad de gestión le permitirán sortear el temporal sin mayores rasguños políticos. Sin embargo, la paciencia de los intendentes y legisladores provinciales comienza a agotarse frente a la evidencia de que los recursos no llegan a tiempo. La administración provincial ya tuvo que recortar partidas para obras menores y posponer el inicio de varios proyectos de saneamiento en el interior profundo.

Mientras tanto, el gobierno nacional sigue girando fondos discrecionalmente a otras provincias con mayor afinidad política, un dato que no pasa desapercibido en la Casa de Gobierno salteña. La relación bilateral se asemeja cada vez más a un matrimonio donde una de las partes siempre pone la cara y la otra solo exige sacrificios. Los salteños observan con escepticismo este tire y afloje que parece no tener fin ni ganador claro en el horizonte.

Al final del día, la danza de Sáenz con el poder central deja más preguntas que certezas y un sabor amargo en la boca de quienes esperan obras concretas. El gobernador apuesta a que el tiempo juegue a su favor, pero el reloj fiscal avanza implacable y los números rojos no esperan a nadie. La motosierra nacional sigue girando y Salta deberá decidir si quiere seguir bailando al borde del filo o cambiar radicalmente la melodía.