(SALTA) Por Diego Nofal.- La visita de la ministra Sandra Pettovello a Salta fue anunciada como un gesto de respaldo institucional, pero terminó desatando una serie de consecuencias que nadie, ni siquiera los más avezados analistas, habían previsto en su totalidad.
La funcionaria nacional llegó con la intención de ordenar un tablero político local que se encontraba convulsionado, pero su presencia actuó como un catalizador de reacciones cruzadas. Lejos de pacificar los ánimos, su paso por la provincia dejó heridas abiertas, alianzas reconfiguradas y una pregunta que flota en el ambiente, ¿vino a apuntalar a La Libertad Avanza o a consolidar a Gustavo Sáenz?
La respuesta, como suele ocurrir en la política argentina, depende de a quién se le pregunte y de cuánto le convenga la versión.
Uno de los primeros efectos colaterales fue el cimbronazo en la cúpula del partido libertario local, con el desplazamiento de Eduardo Virgili y la entronización de Alfredo Olmedo como presidente. Esta movida, vista desde afuera, pareció más una intervención quirúrgica que un recambio democrático, y generó malestar entre quienes no fueron consultados.
El concejal Eduardo Quinteros, que ya venía con críticas acumuladas, encontró en este episodio la excusa perfecta para elevar el tono de sus reclamos. Sus declaraciones pusieron en evidencia que la conducción nacional no estaba al tanto de los movimientos locales, o que directamente le importaban poco. La ausencia de Emilia Orozco a una reunión clave con el presidente en Buenos Aires no hizo más que alimentar las especulaciones sobre una interna feroz.
La consecuencia más inesperada, sin embargo, no fue el reacomodamiento partidario sino el fortalecimiento indirecto del gobernador Gustavo Sáenz, quien emergió del episodio como el gran ganador. Mientras los libertarios se despedazaban entre ellos, Sáenz sonreía desde el balcón de la gobernación, observando cómo sus rivales se autodestruían.
La encuesta que lo posicionó como el mejor intérprete de Javier Milei en la provincia fue un balde de agua fría para Olmedo y Orozco. Ese dato, lejos de ser anecdótico, reveló una verdad incómoda para el oficialismo partidario, la gente no distingue entre sellos, distingue entre líderes.
Otra consecuencia no menor fue la reacción de la dirigencia tradicional salteña, que observó con estupor la aparente predilección de Pettovello por el gobernador peronista. El mensaje tácito fue demoledor, para Nación, la lealtad importa más que la afiliación partidaria. Eso deja a los libertarios locales en una posición incómoda, porque compiten contra un aliado que, paradójicamente, es más valorado por el gobierno nacional que ellos mismos.
La paradoja alcanza ribetes absurdos cuando los propios militantes libertarios no saben si festejar un logro de Sáenz o lamentarlo como una derrota propia. La confusión es total y la brújula política local gira sin rumbo fijo.
La visita de la ministra también dejó en evidencia la fragilidad de los liderazgos locales, que dependen más del visto bueno de Buenos Aires que del respaldo de sus propias bases. Alfredo Olmedo, que alguna vez supo construir un personaje antisistema, ahora aparece como un peón más en un ajedrez que no controla.
Emilia Orozco, por su parte, quedó atrapada entre su lealtad al presidente y las exigencias de una interna feroz que la tiene como rehén. Mientras tanto, los problemas estructurales de la provincia, como la crisis económica, la falta de empleo y la inseguridad, pasan a un segundo plano en medio de esta telenovela política.
Lo más irónico de toda esta situación es que la visita de Pettovello, que debía fortalecer al espacio libertario, terminó por debilitarlo y por fortalecer, sin proponérselo, a su principal competidor. El gobernador Sáenz, con una habilidad sorprendente, ha logrado capitalizar cada error ajeno en beneficio propio.
La pregunta que queda flotando es si en la Casa Rosada son conscientes de este fenómeno o si, por el contrario, lo están propiciando deliberadamente. Porque si la intención era desgastar a Sáenz, el tiro salió por la culata, y si la intención era desgastar a los libertarios locales, el éxito fue rotundo.
Las consecuencias inesperadas de la visita de la ministra seguirán resonando en los pasillos de la política salteña durante los próximos meses, porque la interna está lejos de resolverse. Lo único cierto es que cada movimiento en el tablero nacional repercute de manera impredecible en el tablero provincial, y Salta se ha convertido en un laboratorio de experimentación política. Los libertarios locales deberán decidir si se alinean detrás de Sáenz, si continúan su guerra intestina o si esperan un milagro que los salve de su propia irrelevancia