(SALTA) Por Diego Nofal.- La comunidad educativa del ex Colegio Nacional de Salta se organizó rápidamente en contra del proyecto municipal que buscaba construir un estacionamiento en el pasaje Zorrilla. El histórico edificio, inaugurado en 1947 pero con raíces que se remontan a la fundación del colegio en 1864, es considerado un símbolo de la identidad salteña.
Padres, alumnos, exalumnos y docentes convergieron en un abrazo simbólico alrededor del establecimiento para gritar una consigna clara y contundente: el colegio no se toca. La movilización masiva evidenció el profundo rechazo que despertó la iniciativa del intendente Emiliano Durand entre quienes consideran al Nacional un patrimonio irrenunciable.
Los organizadores del abrazo simbólico convocaron a la ciudadanía a defender la integridad del edificio y su entorno histórico y ambiental. La directora Claudia Perrone reveló que la institución nunca recibió una notificación formal sobre el inicio de los trabajos proyectados en el pasaje Zorrilla. Esta omisión alimentó la indignación de una comunidad que se sintió avasallada por decisiones tomadas a sus espaldas y sin el más mínimo consenso.
El proyecto original contemplaba la construcción de estacionamientos a 45 grados, la preservación de los árboles existentes y la reconstrucción de las aceras para mejorar la circulación peatonal. Pero lo que realmente encendió las alarmas fue la intención de derribar el muro perimetral y avanzar seis metros sobre el terreno del colegio.
Ese sector del predio es utilizado cotidianamente por los estudiantes para realizar educación física y otras actividades recreativas al aire libre. La Asociación Trabajadores del Estado advirtió que la medida implicaba un uso con fines de lucro de un patrimonio que pertenece a todos los salteños. Los argumentos municipales sobre la necesidad de estacionamiento para docentes y directivos fueron desmentidos por la propia directora del establecimiento.
“Nosotros no pedimos estacionamiento”, sentenció Perrone, dejando en evidencia que la obra respondía a intereses ajenos a las necesidades reales de la comunidad educativa. La COPAUS, encargada de velar por el patrimonio arquitectónico, tampoco habría recibido la documentación técnica para evaluar el impacto de la intervención proyectada.
El municipio finalmente decidió no continuar con la obra tras escuchar los planteos surgidos desde el ámbito educativo y ante la falta de consenso social. Pero la herida abierta en la confianza entre la comunidad y el gobierno local tardará en cicatrizar. Los salteños aprendieron una valiosa lección sobre el poder de la organización ciudadana frente a las decisiones unilaterales del poder político. El Colegio Nacional sigue en pie, pero la batalla por su preservación dejó una enseñanza que trasciende los muros del histórico edificio.