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Salta

La micro-gestión: el intendente «manija» y caminador de plazas

El recorrido que realiza Emiliano Durand por la ciudad se queda en las anécdotas de los vecinos. Mientras tanto, las preocupaciones siguen sin tratarse ni resolverse.

Durand

SALTA.-(Por Renato Ocampo).- Hay dirigentes que piensan las ciudades para los próximos cincuenta años. Otros parecen más interesados en el diámetro de un palo borracho o en saber quién se sube a una hamaca. Emiliano Durand se define como un intendente obsesionado con el trabajo y atento a cada detalle. Pero, al escucharlo, por momentos da la impresión de que gobierna la ciudad de Salta más como un supervisor de placeros que como el responsable de una de las principales ciudades del norte argentino.

“Soy muy obsesivo con el trabajo, estoy todo el día, así, muy manija”, reconoció. Después aseguró que en la ciudad “se levantó la vara” y acompañó la frase con un convencido “sí, sí, sí, sí, sí”. Para demostrarlo, enumeró la eliminación de un puesto informal de sándwiches y bebidas, la instalación de una garita policial, el uso de megáfonos con inteligencia artificial y la capacitación de placeros para que aprendan jardinería.

También se detuvo en los árboles que rompen cables y levantan veredas. En lugar de hablar de un plan integral de arbolado o del soterramiento del tendido eléctrico, propuso una suerte de consulta popular bajo una consigna sencilla: “Este árbol sí, este árbol no”. Así, el palo borracho terminó ocupando un lugar central en el relato del intendente, mientras los problemas más difíciles de la ciudad quedaban para otra oportunidad.

Durand contó, además, que después de inaugurar una plaza regresó durante el fin de semana para observar cómo la usaban los vecinos. “Fui el sábado y fui el domingo, pero aparte soy muy manija y después vuelvo a ver cómo la usan, a ver qué hay que cambiar”, explicó. Que un intendente recorra los espacios públicos no tiene nada de malo. El problema es presentar esas recorridas como si fueran la prueba principal de una gestión exitosa.

La escena más curiosa ocurrió cuando encontró a cinco adolescentes sobre una hamaca adaptada para personas en silla de ruedas. “Daba la casualidad de que yo tenía una pelota en la camioneta”, recordó. Entonces les ofreció un trato: “Changos, les cambio: no usen esto y vayan a patear la pelota”. Los jóvenes aceptaron y el intendente resolvió el asunto con una pelota que, por fortuna, llevaba en el vehículo. Aplausos para el caminador de plazas: estamos salvados.

La cuestión no es que Durand visite plazas, hable con los jóvenes o se preocupe por los árboles. Sería absurdo reprochárselo. Lo llamativo es que una entrevista entera pueda girar alrededor de esas anécdotas sin que aparezcan los asuntos que realmente inquietan a los vecinos. No se habló del aumento de los impuestos municipales, de la cantidad de personal incorporado a la comuna ni de la voracidad recaudatoria de las multas de tránsito. Tampoco hubo preguntas sobre el trato a los vendedores ambulantes y a las personas en situación de calle.

El intendente también explicó que colocan “pescantes” orientados hacia las veredas para evitar los conos de sombra. Todo parece pensado para que pueda verse, mostrarse y contarse en pocos segundos. Pero Salta necesita bastante más que luminarias, árboles elegidos por votación y recorridas de fin de semana. Durand sigue muy “manija”; el problema es que, con la vara colocada tan abajo, cualquier cordón cuneta puede terminar pareciendo una obra monumental.