(SALTA).- (Por Diego Nofal).- Esta semana los diputados de la provincia aprobaron un endeudamiento de 150 millones de dólares para refinanciar deuda del Estado y otro crédito por 100 millones de dólares para obras de infraestructura. Uno pensaría que un endeudamiento de tal magnitud requeriría que el ministro de Economía, Roberto Dib Ashur, diera una explicación razonable a los miembros de la Cámara de Diputados.
Sobre todo porque, casualmente, este crédito por 250 millones de dólares se tomará justo a pocos meses de que se realice la campaña electoral para gobernador. Tal vez solo sea una casualidad. Lo que hace que la explicación que debería dar el ministro de Economía sea aun más detallada y que además justifique qué se hará con el dinero pedido.
Pero claramente esta es la Salta de los milagros. ¿Y cuál fue la obra sobrenatural que ocurrió en la Cámara de Diputados de la provincia? Justamente fue que el ministro de Economía ni siquiera se dignó a darles una explicación a todos los miembros de la Cámara. Para nada: simplemente hizo una reunión con los dos bloques mayoritarios y se limitó a hablar con ellos.
La diputada Laura Cartuccia justificó esta modalidad de reunión prácticamente secreta entre el ministro y un grupo de diputados. «El reglamento lo permite», se limitó a decir la parlamentaria. Me resonó en la cabeza aquella frase del jurisconsulto romano Paulo, que aprendí en la facultad: «Non omne quod licet honestum est» —no todo lo que es lícito es honesto—. Y si hay algo donde debería primar la honestidad, es cuando hablamos del control de las cuentas públicas.
Además, la diputada quiso contestar con una chicana cuando se le reclamó esta modalidad de reunión casi secreta, diciendo que cualquier diputado puede unirse a alguno de los dos bloques mayoritarios. Es decir, la diputada Cartuccia no solo se ha olvidado de la vergüenza, sino también de los principios, que no se cambian para asistir a una reunión con un ministro de Economía.
No espero nada de Cartuccia y, aun así, me decepciona; pero Roberto Dib Ashur es un hombre con cierto prestigio: debería tener al menos un poquito de vergüenza y debería ser él quien exija que no solo estén presentes todos los diputados en su explicación, sino que además sus explicaciones sean abiertas al público.
El erario es público, pero no solo es público: es propiedad de todos los ciudadanos. Es menester que nuestros representantes, que se agrupan en la Cámara de Diputados, exijan que, si los fondos son públicos, las explicaciones sean aun más públicas, porque de eso se trata la democracia: de un pueblo que gobierna y de gobernantes que escuchan su mandato.