(SALTA).- El diputado provincial Alejandro Esper conmemoró el Día de Prevención del Suicidio con un sentido mensaje que recorrió las redes salteñas, y lo hizo con una sinceridad que no suele abundar en el recinto legislativo. Sus palabras, cargadas de una crudeza poco habitual, apelaron a la empatía y a la urgencia de tender la mano a quien atraviesa un momento oscuro. Mientras Salta sigue ocupando los primeros puestos en un ranking que nadie quiere liderar, el legislador por Orán eligió hablarle a la comunidad sin filtros ni eufemismos. La fecha, que cada 10 de septiembre busca visibilizar una problemática silenciada, encontró en su voz un tono distinto al de los discursos oficiales de siempre.
“Escuchaba al cantante de Imagine Dragons hablándole a su, a todo su público, diciéndole, toda la vida mereces ser vivida”, relató Esper con una franqueza que sorprendió a propios y ajenos. “A veces pedir ayuda es de valientes, pedir ayuda es realmente tener sovarios en los huevos bien puestos”, agregó el diputado, dejando en claro que su intención no era sonar solemne. “Y escuchar a tu amigo en sus peores momentos, no tan solo en los buenos, te hace un mejor amigo”, completó con una simpleza que, curiosamente, resultó más elocuente que cualquier estadística sanitaria.
La provincia que él representa ostenta una tasa de 17,4 suicidios cada cien mil habitantes y ocupó el tercer lugar nacional durante el último año. Esa cifra escalofriante contrasta con la liviandad de ciertas campañas oficiales que se iluminan de amarillo y luego se apagan sin dejar rastro alguno. El Cabildo de Salta brilló esta semana con una intervención lumínica que duró apenas unas horas, mientras los equipos de salud mental siguen esperando refuerzos que nunca terminan de llegar del todo. La postal es tan contradictoria como conmovedora, porque la voluntad política parece agotarse cada once de septiembre sin remedio.
El mensaje de Esper tiene el mérito de nombrar lo innombrable sin caer en solemnidades vacías que a nadie consuelan. Decir que pedir ayuda es de valientes suena a frase de manual de autoayuda, pero en boca de un cardiólogo que atiende consultorio adquiere otro espesor. Su propia condición de médico le otorga a estas declaraciones un peso que otros legisladores simplemente no tienen. La salud mental en Salta arrastra una deuda histórica que ni los anuncios oficiales ni las jornadas en el cerro San Bernardo logran disimular con éxito.
La ironía es que este diputado libertario, que suele ganarse titulares por proyectos inviables y salidas de libreto, ahora brilla con una intervención humana que lo muestra en un rol inesperado. No hay ley que transforme su frase en política pública concreta, porque las palabras lindas se las lleva el viento si no hay presupuesto detrás. Salta necesita que las líneas telefónicas de contención funcionen las veinticuatro horas y que los profesionales estén disponibles en cada rincón del territorio provincial. La tarea es inmensa, aunque el diputado al menos puso su grano de arena con honestidad y sin cálculo electoral evidente.
Hablar de suicidio sin golpear la mesa con estadísticas frías ni señalar culpables imaginarios ya es un avance en una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado. La comunidad salteña debe entender que el dolor ajeno no se resuelve con una publicación en redes ni con una jornada recreativa en la cima de una montaña. Se necesitan políticas sostenidas, presupuesto real y profesionales capacitados que atiendan las urgencias y también las posvenciones familiares. El gesto de Esper invita a reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer desde su lugar para sostener a quien está al borde del abismo.
El diputado cerró su mensaje con una frase que resume su postura de manera contundente y sin retóricas innecesarias para el ruido de las redes sociales. “10 de septiembre, Día Internacional del Suicidio. Tu vida merece ser vivida”, escribió, y la simpleza de esas nueve palabras resultó más eficaz que cualquier discurso oficial. Salta necesita recuperar esa humanidad en el trato cotidiano y convertirla en acción concreta antes de que septiembre vuelva a sorprendernos. La vida merece ser vivida, pero también merece ser cuidada con recursos, con escucha y con compromiso real desde las instituciones.