(SALTA).- La presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en la festividad del Señor y la Virgen del Milagro no pasó desapercibida y generó un visible clima de incomodidad en la cúpula del poder provincial. Alojada desde temprano en un hotel céntrico a metros de la Legislatura —bajo un estricto operativo de la Policía Federal—, la mandataria nacional se trasladó antes de las 10 a la Catedral para participar de la Misa Estacional, en una jornada donde la devoción popular se cruzó inevitablemente con la alta política.
Fuentes presentes en el Palacio Arzobispal coincidieron en que el gobernador Gustavo Sáenz recibió a la vicepresidenta con un gesto tenso. En los pasillos oficiales se atribuye esa rigidez al temor de que la foto junto a Villarruel melle los delgados puentes que el mandatario provincial busca preservar con la Casa Rosada. En las primeras filas tampoco faltó la habitual «agrupación palco», esa fauna política dispuesta a figurar cerca del gobernador ante las cámaras, aun en medio de un ambiente enrarecido.

El momento de mayor densidad política de la mañana llegó durante el mensaje de Monseñor Mario Cargnello. Dirigiéndose directamente a la vicepresidenta, el arzobispo de Salta le dedicó un mensaje cargado de doctrina y respaldo institucional que resonó con fuerza en el templo: «Pensé y recé mucho por usted. La Vicepresidencia es un lugar difícil… porque le toca presidir el Poder Legislativo.»
Cargnello apeló a la historia para enmarcar el rol del Congreso en la calidad democrática de la nación: «El Papa Pío XII, en la Navidad del ’44, dio un mensaje sobre la democracia llamado ‘Humanitas et benignitas’. Allí dice que la democracia tiene como actor fundamental al Legislativo. Eso no se entiende mucho en nuestro país porque el régimen de gobierno es más presidencialista, le da más fuerza al Ejecutivo. Pero los legisladores marcan la cultura de un pueblo: las leyes que buscan la dignidad de la persona y el bien común humanizan; las que buscan otros intereses y no promueven el valor de la persona, desde la concepción en el vientre de la madre hasta el último aliento, deshumanizan y se convierten en inicuas.»
El arzobispo concluyó con una definición directa hacia la gestión y la fe en la función pública: «No le tengan miedo a Dios. Nosotros no queremos un régimen teocrático, pero sí un régimen que respete la verdad de la persona y el bien común de nuestro pueblo. A usted le toca dirigir y no es fácil; por eso creo que tenemos que rezar por usted, y el pueblo lo ha hecho».

Villarruel agradeció sentidamente las palabras del monseñor. Minutos después, durante la entrega de un cuadro con las imágenes de los Santos Patronos, el clima pareció distenderse: Sáenz se mostró más suelto, sonrió junto a la vicepresidenta y compartieron la foto oficial del encuentro. La ceremonia incluyó también la entrega de un poncho salteño al nuncio apostólico en nombre del pueblo de la provincia.
Ninguna autoridad partidaria de la fuerza libertaria en Salta participó de la misa ni se mostró junto a Victoria Villarruel, dejando en evidencia las fisuras y la marcada distancia que mantiene la estructura política provincial con la vicepresidenta.
La actividad de Villarruel en la capital salteña continuará por la tarde con su participación en la multitudinaria Procesión del Milagro, en el cierre de una visita que dejó en evidencia los delicados equilibrios del mapa político local.