(SALTA).- Por Matilde Serra.- La política vernácula de Salta es tan predecible como chiquita. Como ya habíamos anticipado en El Intra, pasó el Milagro —que dejó poquísima tela para cortar más allá del clásico desfile de oportunistas disfrazados de peregrinos para buscar la foto piadosa— y los muchachos volvieron a lo único que les sale con fluidez: la interna feroz, el cobro de facturas y la ilusión de que a alguien le importa su futuro. Bastó que el intendente Emiliano Durand sugiriera que buscaría la reelección solo si el gobernador Gustavo Sáenz va por un tercer mandato, para que en el saenzismo saltaran los tapones.
Las bases lo leyeron como lo que fue: una mojada de oreja oportunista. Poco importa que la Justicia ni siquiera se haya expedido sobre la constitucionalidad de la re-reelección de Sáenz; en el conventillo oficialista, la lealtad dura lo que tarda en encenderse un micrófono.
Rápidamente salieron los peones a jugar su partida. Por el lado de Durand, la concejal Camila Lobo deshizo elogios a la gestión municipal y dejó flotando una eventual candidatura a la gobernación. Del otro lado, la diputada de múltiples y volubles lealtades, Laura Cartuccia, salió a marcar cancha furiosa: dijo que el único candidato es Sáenz, que los votos son del Gobernador y que en Salta «no hay herederos». Curiosa amnesia la de Cartuccia, que hace apenas unos meses caminaba la calle como candidata del espacio de Sergio «El Oso» Leavy, a quien hoy manda jubilar sin anestesia. El diputado nacional Pablo Outes no se quedó atrás y tiró más nafta al fuego, asegurando que Durand opera bajo las sombras junto a Juan Manuel Urtubey para quedarse con el sillón de Grand Bourg.
En el PJ local la reacción no fue más generosa: tildaron a Durand de traidor y avisaron que, si pretende ser candidato a gobernador, no le militarían ni un volante. Frente al desparramo, Sáenz y Durand recurrieron al manual básico de la contención de daños: foto sonriente en reunión de gabinete y anuncio de inversiones turísticas.
Quienes conocen los modales de Sáenz recordarán que aplicaba la misma anestesia fotográfica con Bettina Romero cada vez que se le desmadraba la interna. Pero el maquillaje no tapa la grieta: hace tres años que las bases del saenzismo y el durancismo se miran con desconfianza canina.
Quienes conocen al intendente, aseguran que los golpes le duelen más que a nadie y que nunca pudo endurecer el curo. Durand, acorralado por las bases del oficialismo provincial, se atrincheró con su socio Juan Chalabe y su esposa Irene Soler, confiando ciegamente en que la estructura mediática que montaron durante años sirva de escudo ante la arremetida de Grand Bourg.
Para colmo, en el peronismo nacional huelen sangre. Desde Buenos Aires se especula con que la Corte le bajará el pulgar a la re-reelección de Sáenz, y ya se habla de puentes tendidos entre la dirigencia porteña y el propio Durand para proyectarlo como la alternativa no-kirchnerista.
Libertarios de cabotaje y el despertar de los osos
Mientras el oficialismo provincial se deshoja, los demás frentes simulan tener un plan. Aunque Sáenz mantiene una relación aceitada con Casa Rosada, Diego Santilli y los senadores a los que les garantizó votos, los libertarios locales son una espina constante. La pelea mediática por ver «quién trae los fondos a Salta» consume energía en redes sociales y en debates legislativos de vuelo gallináceo. En la Casa de la Libertad, la juventud ruidosa encumbra a Emilia Orozco como la candidata «natural» a gobernadora, aunque en las oficinas del primer piso donde moran Olmedo y Orozco saben perfectamente que el destino de la diputada lo definirá Karina Milei con el pulgar arriba o abajo desde Balcarce 50. Por las dudas, Roque Cornejo camina el territorio intentando construir la candidatura a intendente de la capital.
En la vereda kirchnerista, Sergio «Oso» Leavy decidió sacudirse el polvo. Tras un largo silencio, reapareció llamando a «la más amplia unidad» contra el ajuste de Javier Milei pensando en 2027. Lo jugoso de la foto no fueron sus aliados habituales de la centroizquierda, sino la presencia de Antonio «Gringo» Marocco, vicegobernador y figura gastada del oficialismo provincial. El guiño no es menor: el hijo del vice, Facundo Marocco, encabeza el Movimiento Derecho al Futuro en Salta, la plataforma armada para impulsar la carrera presidencial de Axel Kicillof.
Si la Justicia le cierra la puerta a Sáenz, el abanico de aspirantes se abrirá hasta lo ridículo: por ahora los nombres que más suenan son los del ministro de Gobierno, Ignacio Jarsún y la senadora nacional Flavia Royón. Por ahora, entre encuestas prematuras y roscas de pasillo, la política salteña ofrece lo de siempre: mucha ambición, poca gestión y un escenario donde todos sonreirán para la foto mientras se esconden el puñal en la espalda.