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Salta

Diputados de Salta: una sesión breve, muchos elogios y pocos debates

Una sesión express en la forma, pero penosamente estéril en el fondo.

Cámara de Diputados de Salta
Cámara de Diputados de Salta

No es la primera vez que el recinto de la Cámara de Diputados de Salta se asemeja más a un tablado de cortesías mutuas que a una escribanía del rigor institucional. La última jornada legislativa, conducida por Gastón Galíndez ante la calculada o fortuita ausencia de su presidente, Esteban «Tuty» Amat, ofreció un catálogo perfecto de las prioridades distorsionadas que, con preocupante frecuencia, adormecen a la política provincial. Una sesión express en la forma, pero penosamente estéril en el fondo.

El protocolo y el elogio fácil consumieron la primera hora de la tarde. Se aplaudió, con justa razón social pero desmedida extensión parlamentaria durante el momento de homenajes. El primero fue para monseñor Dante Bernacki y a los cuerpos de seguridad por la logística del Milagro

Los temas que incluyó el temario

Cuando finalmente se abrió el temario, el primer expediente en obtener sanción definitiva reveló de inmediato la escala de valores de la bancada mayoritaria: la transferencia definitiva de un inmueble estatal al Club de Autos de Colección Salta. La diputada Mónica Juárez asumió una vehemente defensa del proyecto intentando desmontar el prejuicio social sobre los «juguetes para millonarios».

La diputada justificó la cesión ponderando pasadas donaciones y servicio social de la organización. Apenas una solitaria voz disonante, la del libertario Franco Lastra, se atrevió a cuestionar la ligereza con la que el Estado desprende su patrimonio en favor de entidades privadas.

En medio de esa modorra procedimental, el único atisbo de densidad conceptual lo aportó el diputado cafayateño Patricio Peñalba al fundamentar la regulación de los Activos Digitales Gubernamentales. Con el foco puesto en la ciberseguridad y la custodia de datos sensibles del Estado, Peñalba interpeló al cuerpo sobre el destino, la propiedad y la transición de la información pública. Fue, lamentablemente, una rara avis de debate estructurado dentro de un orden del día desconectado de la calle.

El resto de la tarde transcurrió entre el efectismo simbólico y la endogamia discursiva. Se aprobó la iniciativa de Adrián Valenzuela para erradicar el prefijo «ex» al referirse a los héroes de Malvinas —un gesto noble, aunque inocuo para las penurias cotidianas de los veteranos—, mientras que el proyecto de Guillermo Kripper sobre el acompañamiento educativo a deportistas se convirtió en un interminable pasamanos de adulaciones entre los diputados Esteban, Restom, Plaza y Monteagudo.

Idéntica escena de autoelogio colectivo se repitió al abordar la exhortación de Néstor Parra para modificar el Código Penal en materia de vandalismo rural, secundado fervientemente por Juan Pablo Cuéllar y Fabián Valenzuela.

El bloque libertario tampoco desentonó con la apatía general: más allá de alguna objeción aislada, pasó por la sesión con la intrascendencia de un espectador de lujo, abriendo la boca únicamente para bostezar. Mucha retórica anticasta en las redes, pero a la hora de dar la batalla legislativa en el recinto, prefirieron la comodidad del silencio.

Bloqueos mutuos entre oficialismo y el sector libertario

El dato político más revelador, como suele ocurrir en la praxis parlamentaria, no estuvo en lo que se votó, sino en lo que deliberadamente se dejó afuera. La bancada oficialista bloqueó el ingreso del proyecto libertario que buscaba otorgar libre elección de obra social a los empleados públicos, privándolos de discutir la cautividad del IPS. De igual modo, quedó sepultada en el olvido de los pasillos la iniciativa de Guillermo Durand Cornejo para reformar y endurecer las leyes de Violencia Familiar y de Género.

El telón bajó rápido en la Cámara Baja salteña. Y todo siguió con normalidad: no cambió nada en Salta, una vez más.