(SALTA).-(Por Federico Mena Saravia).- Gustavo Sáenz dejó una advertencia para el Gobierno nacional: la estabilidad económica ya no alcanza para sostener las expectativas de quienes esperan una mejora en su vida cotidiana. “La gente no quiere volver al pasado, pero tampoco significa que esté conforme con el presente”, afirmó el gobernador de Salta en una entrevista con Clarín. Y agregó: “La macroeconomía está estabilizada, la inflación está estabilizada, pero las inversiones no llegan”.
Sáenz, que se incluyó entre los gobernadores que acompañaron las leyes necesarias para el plan económico de Javier Milei, sostuvo que las preocupaciones de la sociedad están cambiando. Según planteó, pronto pesarán más la falta de trabajo, la inseguridad y las dificultades para llegar a fin de mes que los indicadores macroeconómicos. “Si esto no funciona rápidamente, creo que el clima social va a ser mucho más duro”, advirtió.
También tomó distancia de las formas del presidente. “Nosotros somos algunos de los que hemos soportado estoicamente los insultos”, señaló. Aunque dijo que personas cercanas a Milei le explicaron que esa es su forma de ser, marcó una diferencia personal: “Yo no lo haría”. Para Sáenz, gobernar exige diálogo y capacidad de reconocer errores. “A la dirigencia política le faltan las dos haches: humildad y humanidad”, resumió.
El gobernador describió, además, las dificultades que encontró para gestionar ante la Nación. “Era muy difícil trabajar con este gobierno porque también tienen sus internas”, afirmó. Según su relato, debía hablar con funcionarios de distintas áreas sin obtener una respuesta definitiva: “Uno hablaba con uno, hablaba con el otro y, en definitiva, nadie decidía nada”. Consideró que la situación empezó a ordenarse con la llegada de Diego Santilli, aunque aclaró que todavía quedan asuntos pendientes. Consultado por el caso de Manuel Adorni, sostuvo que “se dejó pasar mucha agua bajo el puente” y que “no se explicó en tiempo y forma como debería haber sido”.
Sáenz defendió asimismo la recepción que le dio a Victoria Villarruel durante la celebración del Señor y la Virgen del Milagro en Salta. “Si va la vicepresidenta a la manifestación de fe más importante que tiene nuestra provincia, yo recibo a todos. Es una cuestión hasta de educación”, explicó. Frente a la posibilidad de que la fotografía incomodara al entorno presidencial, respondió: “Eso sería un problema de ellos”.
La relación entre la Nación y las provincias ocupó buena parte de la entrevista. “El famoso látigo y billetera existió siempre desde Nación para con las provincias. Lo implementaron todos los gobiernos”, dijo Sáenz. Recordó que, durante la presidencia de Alberto Fernández, recibió presiones para acompañar el juicio político a la Corte Suprema y que se negó a firmarlo. A su entender, ese mecanismo sigue vigente porque nunca se resolvió de fondo la distribución de recursos. “El federalismo no puede ser el reclamo constante de los gobernadores por plata, por ATN, por rutas y por obras. El federalismo es progreso”, planteó.
En ese marco, rechazó que sus reuniones con funcionarios nacionales deban leerse como un intercambio de favores. “No es un toma y daca, como creen todos: ‘Vos me das esto, yo te doy lo otro’. Porque hasta ahora todo es toma”, ironizó. Sáenz aseguró que lleva a esos encuentros los reclamos de Salta, entre ellos los vinculados con obras, financiamiento y el corredor bioceánico.
La crítica más directa a los dirigentes libertarios de su provincia apareció al comparar las votaciones locales con la agenda legislativa nacional. “Los libertarios olmedistas votaron en contra de la eliminación de las PASO en Salta y ahora acá en Buenos Aires hay que votar a favor”, señaló. También cuestionó que se opongan al endeudamiento provincial mientras el oficialismo nacional busca apoyo para sus propias iniciativas financieras. “Eso muestra claramente una hipocresía muy grande”, concluyó.
Sáenz dedicó otro tramo de la conversación al peronismo. “El kirchnerismo se apropió del peronismo y hoy día la gente no distingue entre lo que es el peronismo y el kirchnerismo”, sostuvo. Luego precisó su posición: “Yo me fui del kirchnerismo, no del peronismo”. Consultado por sus límites políticos, afirmó: “Mi límite es el kirchnerismo pretendiendo ser el dueño del peronismo”, en referencia a las intervenciones partidarias y a la falta de competencia interna que le atribuye a ese sector.
Esa distancia, aclaró, no le impide hablar con dirigentes con los que compartió otros espacios, como Sergio Massa. Sáenz recordó que trabajaron juntos cuando Massa planteaba una ruptura con Cristina Kirchner y La Cámpora. Sobre una eventual construcción nacional para 2027, evitó adelantar candidaturas: “Primero tenés que tener un plan de gobierno, un proyecto, y después” discutir nombres. Su propuesta, dijo, es “buscar una alternativa federal” y debatir “un modelo de país donde estén incluidas todas las provincias”.
El gobernador dejó una definición sobre el funcionamiento de la política argentina: “El que gana gobierna como puede y el que pierde no acompaña. El que pierde conspira, impide, no deja salir adelante”. Insistió en que ningún espacio tiene todas las respuestas y en que las políticas duraderas requieren acuerdos capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno.
Hacia el final, la entrevista pasó de la política a lo personal. Sáenz dijo que elegiría a Raúl Jalil para irse de vacaciones porque “tiene amigos en todos lados, conoce mucho y es un buen tipo”. También habló de un antiguo adversario al que prefirió no identificar por su nombre. Por último, cerró cantando a capela, pero dejando una advertencia que atravesó toda la conversación: sin empleo, consumo e inversiones, la paciencia social tendrá un límite.